“Nosotros somos italianos y hemos llegado a España. No somos nadie para hablar de España y tampoco queríamos caer en los clichés, pero sí queríamos que oliera. Hay muchas referencias a la pintura, se construyen unos tableaux vivants y los paneles se transforman”, profundiza Russo. “Se da un paisaje que tiene el perfume de España. Para eso ayuda la música y la pintura se puede ir viendo, aunque no se entienda porque no queríamos ser obvios. Asimismo hay una luz cálida. Se refiere todo a un país, que en este caso es España, pero tampoco es algo tan marcado. Somos de Nápoles y ahí hay mucha influencia de España. El idioma, la religión o el concepto de la familia se parecen”. De Rosa apostilla: “Se puede decir que es mediterráneo porque nosotros también venimos de ahí. Hay muchas características comunes. La naranja es muy española, pero a su vez muy mediterránea”.
Cuando fundaron Kor’sia, Mattia Russo y Antonio de Rosa se aliaron también con el investigador y cofundador de Artes Escénicas, Giuseppe Dagostino, y la Catedrática de Artes Escénicas Agnès López-Río, que funciona como asesora artística. Ellos son los directores y coreógrafos del proyecto, pero están más que acostumbrados a trabajar en equipo y con elencos distintos cada vez que plantean un proyecto. Así explica Russo el funcionamiento: “Hacemos encargos para otros teatros. Son compañías con muchísimos bailarines y lo interesante es leer lo que tienes delante al llegar. Hay que encontrar la esencia y potenciarla”.
De Rosa profundiza en esta idea: “No es lo mismo para nosotros el plantear una pieza de repertorio, que ya existe, que se ha de aprender y hacer tuyo, que plantear una creación nueva para unos bailarines en concreto. Siempre que se empieza de cero se da una audición en la que eliges entre muchos a las personas con las que trabajar. Ese día es fundamental para ver la dirección en la que marchar en base al grupo que encontramos. Cada compañía es completamente diferente”, comenta. “Por ejemplo, en el ballet de Monte-Carlo, que es muy clásico, la fuerza que tenían sobre todo las mujeres era la punta. Hemos utilizado esa fuerza y nos hemos acercado más a ese universo porque queríamos explorarlo. Era algo nuevo para nosotros, pero siempre intentamos acercar a las dos partes de la ecuación”.
“Es interesante ver cómo tu movimiento va cambiando. Un cuerpo clásico tiende a la verticalidad; el contemporáneo busca la técnica del suelo, que en el ballet no se utiliza. Cada vez supone un reto y una transformación del estilo”, explica didáctico Antonio de Rosa. “Muchas veces creamos a medida, como un sastre cuando hace un traje. Vamos, observamos y escogemos entre varias ideas”, apostilla Russo.



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