Cuando se le pide a Teresa Gras que defina en sus propios términos en qué consisten los cozy crimes –una especie de subgénero literario que ha ganado gran popularidad en los últimos años–, la editora de Lumen ofrece una explicación de lo más ordenada. “Un buen libro de cozy crime suele reunir los siguientes elementos: un misterio por resolver (que puede ser sangriento aunque la descripción no se entretiene en estos detalles); un personaje principal (muchas veces una mujer) que se ve involucrado en el misterio por azar y se ve forzado a convertirse en investigador amateur (muchas veces por contraposición a un cuerpo de policía más oficial que por falta de habilidad o desidia no es capaz de resolver el crimen); y una atención a las relaciones personales entre personajes, ya sea en la forma de un interés romántico, ya sea con un foco en la amistad o las relaciones familiares”, introduce, lejos de terminar su reflexión.
“Todo ello con un lenguaje juguetón, ligero y divertido que sin embargo no sacrifica el interés por lo social y político. Los cozy crimes suelen ser un acercamiento más amable pero no por ello menos certero a los problemas sociales del momento, a veces en una ambientación histórica, a veces en el presente, y la clave para que funcionen es que nos sumerjan en un mundo paralelo lo suficientemente alejado del nuestro en el que sin embargo podemos imaginar tener algo de agencia. Y esta es quizás la clave principal: es el lector, junto al protagonista, quien página a página va desentrañando el misterio”, ahonda Gras, que considera que, desde este punto de vista, “son libros que ofrecen un respiro al caos del mundo que nos rodea. Pueden interesarle a cualquier tipo de lector que quiera evadirse y disfrutar de un rato de buena literatura a la vieja usanza”.
La editora Teresa Gras.Cortesía

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