¿Por qué cambiar de ciudad por tu pareja se considera legítimo, pero mudarse con tus amigas o amigos se ve como una fantasía infantil?
Cuando tenía 17 años firmé, con mis dos mejores amigas, un contrato totalmente inventado en el que declarábamos que seríamos compañeras de piso para toda la vida. El acuerdo estipulaba que todos y cada uno de los visitantes (parejas o no) serían «tratados como mesas o sillas y tendrían que quedarse calladitos en una esquina». Además, solo podrían venir en horario limitado para no alterar nuestra paz ni nuestras vidas, que por supuesto serían muy adultas e importantísimas.
Cinco años después, seguimos siendo las mejores amigas, aunque nuestras conversaciones hayan cambiado un poco. Ahora hablamos de nuestros trabajos, los estudios, nuestras parejas y de los planes que tenemos para el futuro. Firmamos contratos de verdad, ganamos dinero de verdad, llevamos vidas reales que van evolucionando en direcciones diferentes, como universos que se van alejando poco a poco.
Últimamente pienso bastante en lo fácil que aceptamos que nuestras amistades se distancien, como si fuera un requisito inevitable de ser mayor. Y no es que dejemos de priorizar a los demás a medida que crecemos, sino que la vida está organizada de tal manera que, al final, la amistad acaba quedando en segundo plano. Las mujeres, sobre todo, crecemos en una sociedad que inculca la idea de que las amistades nunca deberían estar por encima de las relaciones “verdaderas”, como serían nuestras parejas, nuestros hijos, los padres e incluso los suegros.
Cuando miro a mi alrededor, veo infinidad de ejemplos de mujeres que arrancan su vida de raíz, dejando atrás todo lo conocido por esas relaciones consideradas de «máxima prioridad». Mi tía, por ejemplo, quiso mudarse por amor al casarse y se trasladó de Bombay a Delhi, aunque nunca había estado allí, solo porque su marido y su familia vivían en esa ciudad. He visto amigas mudarse al extranjero para estudiar, primas mudarse por trabajo y conocidas marcharse porque la vida en la ciudad se les hacía insoportable. Si seguimos esa lógica, ¿por qué no nos podemos mudar por amistad? Yo sabía que quería hacerlo. Mis amigas también. ¿Cuál era el problema?
Descubrí que Julia Fox vive con su mejor amigo, Richie Shazam, desde 2023. Al pie de publicaciones y reels sobre comunas de amigos o mujeres que comparten casa (vídeos que ahora acumulan millones de visualizaciones) hay siempre un montón de gente, etiquetándose unas a otras y preguntándose: “¿Nosotras para cuándo?”. En redes sociales también circulan constantemente historias de grupos de amigos en Estados Unidos y Europa que construyen casas anexas para vivir, o incluso jubilarse, juntos y juntas. Y es curioso: lo romantizamos en internet, o cuando lo vemos en series, libros o películas, pero después nadie se atreve a hacerlo.

Más historias
Estoy obsesionada con esta ‘biblioteca-librería’ de Milán especializada en moda y publicaciones antiguas
La boda en Málaga de María y Nacho: una novia con mantilla y una decoración con aire primaveral
‘El diablo viste de Prada 2’ y otros cinco estrenos en ‘streaming’ que ver durante el mes de julio