Pero para Swarz, el emprendimiento en este ámbito no es nuevo, conocía desde pequeña los retos de fundar un negocio dedicado a la infancia: “Mi madre tenía una tienda de bebés y niños que abrió cuando mi hermana nació, y aunque ella ya no vive esto me acerca mucho a ella y me identifico con su vivencia cuando tenía la tienda con mi hermana y yo pequeñas. Así como hoy la tengo yo con mis dos hijas”.
Además de velar por difundir una mirada a la crianza como “un periodo lleno de magia, creatividad y sensibilidad” –no solo a través de Museum of Mini, también a su nutrida comunidad de seguidores en Instagram–, Natalia Swarz es autora del libro Barefoot Living (ya está trabajando en el segundo) y fundadora de Hôtel Weekend, “un proyecto editorial que se ha convertido en una guía de referencia para viajar con sensibilidad: lugares con alma, diseño y una forma de entender el tiempo más consciente”.
¿Qué mensaje quieres transmitir a través de Museum of Mini?
Es una forma de reivindicar el valor de las cosas bien hechas: productos duraderos, marcas con historia, objetos que pasan de una generación a otra. Y lo más relevante: que crear tribu importa –y mucho–, y que las familias necesitan lugares donde sentirse acompañadas, acogidas y reconocidas. Por eso Museum of Mini no es solo una tienda; es un punto de encuentro, un espacio que funciona como segundo hogar para muchas familias en Madrid.
¿Qué os hace diferentes de otros establecimientos para niños?
Museum of Mini no es solo una tienda infantil, es un universo curado con el mismo lenguaje con el que se curaría una selección de diseño o de moda. Aquí la experiencia es tan importante como el producto: el espacio, el ritmo, los temas de los talleres y, sobre todo, el trato. Hay muchísimo cuidado en cómo se recibe a cada familia y en cómo se vive el tiempo dentro del lugar. Además, trabajamos con firmas muy especiales y nicho que no se encuentran fácilmente en Madrid. Muchas son marcas que yo usaba desde hace años y que me resultaba difícil conseguir aquí, así que Museum of Mini nace también desde esa necesidad real: traer una selección verdaderamente única, pero con intención y coherencia.
Hablas de un proyecto casi de comisariado, ¿qué actividades lleváis a cabo?
Ahí está el corazón del proyecto: nuestro espacio de la planta de abajo, el playroom, donde creamos programación para niños y adultos –círculos de madres, música (¡las clases de música para bebés son un hit!) y movimiento, manualidades…–, siempre desde una mirada de crianza consciente, con mimo, y con una sensibilidad estética muy presente. Creo que nuestro secreto es la combinación entre talleres y tienda. Se complementan muchísimo, pues en el playroom tenemos juguetes para usar que luego pueden comprar en la tienda. Tenemos una selección muy cuidada de juguetes creativos y objetos de infancia que fomentan el juego libre, además de marcas de moda infantil que apuestan por buenos materiales y diseño. Todo está pensado para que la infancia y la comunidad se vivan con belleza.
¿Por qué a veces el sentimiento de comunidad es tan importante?
Porque la crianza –aunque esté llena de amor– puede ser muy solitaria. Y cuando te conviertes en madre, muchas cosas cambian: tu ritmo, tu cuerpo, tus prioridades, tus vínculos. La comunidad sostiene. No necesariamente con grandes discursos, sino con gestos: recomendaciones, conversaciones espontáneas, verse reflejada en otras mujeres. Museum of Mini quiere ser eso: un pequeño lugar donde sentirse acompañada. Nos llena de ilusión ver tantas amistades que han salido a través de la tienda o los talleres.

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