30/06/2026

Ouineta, coreógrafa y artista musical: “Crear me ayuda muchísimo, no me da ni miedo ni ‘cringe’. Es ahí donde me dejo ser”

Marta Ros fue una niña que jugaba muchísimo –a las Bratz, a las peleas con su hermano, a crear cabañas, a dirigir a sus primos pequeños en obras de teatro– y eso es algo, dice, que aspira a no perder nunca. De hecho, se aprecian en su visión fuertes reminiscencias de ese universo algo más inocente y naíf. “Mi madre es profesora y siempre le ha parecido muy importante el aspecto lúdico. Nos dejaba jugar muy libremente y tengo un recuerdo muy bueno”, comenta la artista, que está a punto de cumplir 30 años [los cumplió el 12 de marzo, después de que tuviera lugar esta entrevista] siendo muy consciente de las potenciales presiones que acechan a las mujeres al alcanzar esta edad. “Precisamente, como estoy muy conectada a mi niña interior, hay un pensamiento que me causa un poco de desasosiego: el de seguir proyectando esa ‘vida de adulta’ a futuro. Estos días, al borde de la treintena, soy más consciente de que estoy creciendo. Pero, aun así, me tengo que recordar a mí misma que ese futuro que imaginaba es ya mi presente. Es una sensación un poco extraña. Pero, a la vez, estoy contenta porque siento que no me he conformado con lo que se esperaba de mí”.

¿En qué sentido lo dices? “Tanto en lo profesional, como en lo romántico, como en mi estilo de vida, creo que he hecho las elecciones que necesitaba. A pesar de la inestabilidad que supone un oficio artístico, nunca he querido abandonarlo, porque sé que sin la creatividad no podría vivir. Estoy feliz de haber apostado por esto y creo que es valiente. Luego, soy una persona muy entregada al amor. En ese aspecto, ahora estoy donde quiero estar. Mi pareja y yo nos cuidamos muchísimo y estamos muy conectadas”, afirma la artista, que advirtió su bisexualidad en la adolescencia, aunque hasta ahora solo había salido con chicos. “A todos mis novios les decía: ‘Yo es que en realidad soy lesbiana, me gustan mucho las chicas’. Se lo decía medio de broma, pero, entre broma y broma…”, ríe Marta Ros y, antes de despedirse, no renuncia a hacer un guiño a la ilusión que le hace haber sido retratada para esta cabecera, una revista que siempre ha comprado “religiosamente” y que la ha influenciado de manera directa.

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