Cómo afecta la hipervigilancia en la mesa
“En muchas ocasiones las personas que enjuician constantemente lo que comen tienen una voz crítica muy potente. Una voz que no se queda en su mente sino que tiene que salir fuera del volumen y la potencia que alcanza”, explica Digón, que hace referencia también a cómo esa posición de supervigilancia hacia lo que se come también puede afectar a las personas que te rodean. “Cuando estás con una persona que se está vigilando de esta manera cuando come y lo dice en alto, el clima emocional alrededor de la mesa puede nublarse por ese juicio y necesidad de control. Y afectar a otros comensales que estaban disfrutando de la comida y conectando con su placer. Al escuchar ese juicio, el disfrute de la comida que experimenta el comedor consciente puede terminar relegado al control, vigilancia, examen y deseo de perfeccionismo que está escuchando”, afirma la experta.
Daniel Arnold. Estilismo: Julia Sarr-Jamois
Estas afirmaciones pueden ser el reflejo de una relación insana con la comida y el punto de partida de un necesario trabajo para intentar cambiarla a nivel personal. Y aunque no todo es una cuestión de palabras, es interesante saber cómo afectan esos diálogos a una misma y a los demás (porque tampoco sabes la relación que puede tener con la comida la persona que te escucha). “Los estudios psicológicos muestran que el lenguaje no es neutro. Lo que decimos construye significado, no solo para la persona que lo dice, que refuerza su patrón interno, sino también para quienes la escuchan. El discurso se contagia y muchas veces se internaliza. Esto es lo que en psicología llamamos modelado social: ajustamos lo que hacemos según lo que vemos y escuchamos de los demás. De hecho, la evidencia muestra que nuestra forma de comer está profundamente influida por el contexto social y por lo que hacen y dicen las personas de nuestro entorno. Cuando alguien habla desde la restricción –‘Esto engorda”, ’No debería’, ‘Lo compenso’– no está hablando solo de comida; está mostrando su relación con ella, una relación marcada por culpa, chequeo ansioso, control obsesivo o sobreexigencia”, explica la psicóloga Marta Calderero. Y refuerza la importancia que tiene intentar cambiar ese discurso que vincula comida con culpabilidad cuando son niños los que escuchan. “Si hay niños presentes, el impacto es aún mayor. Poco a poco, pueden asociar la comida con culpa y el cuerpo con juicio. Las investigaciones psicológicas muestran que estos mensajes influyen directamente en su autoimagen y en su relación con la comida”, añade.


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