Su nombre parece proceder de Henriette Sontag, una soprano que popularizó esta prenda en la segunda mitad de s. XIX. También se le conoce en inglés como ‘bosom friend’ (amigo del pecho), por la forma que tiene de abrigar el busto a la hora de vestirlo. En publicaciones femeninas de la época como Godey’s Lady’s Book o Peterson’s magazine se incluían los patrones de esta prenda para que las lectoras de a pie pudiesen lucir las últimas modas elaboradas por ellas mismas. “Esta bonita y cómoda prenda está pensada para ser usada debajo de un manto o capa; y como da mucho calor adicional, sin hacer que la figura parezca en absoluto torpe, tiene muchas ventajas sobre los chales y otras capas”, recogía Godey’s Lady’s Book en unas instrucciones de 1861 para crochetar en casa un chal Sontag ribeteado.
Un chal ‘Sontag’ cruzado en la versión de ‘Mujercitas’ de 1949.Sunset Boulevard/Getty Images
Frente otros abrigos más elegantes de la época como el paletó (popularizado por Eugenia de Montijo) esta forma de llevar cruzado el chal era mucho más apropiada para las faenas domésticas o para las mujeres que se dedicaban a diferentes tareas comerciales fuera de casa. Entre los retratos aquí recogidos puede verse por ejemplo, una marinera de Artois, al norte de Francia, con un chal cruzado, o la mujer de un pescador, inmortalizada por el pintor danés Frederik Vermehren.
La chica durmiente de las flores (1892).Culture Club/Getty Images
Marinera francesa de Artois, al norte del país (c. 1900).ND/Getty Images
La mujer del pescador (1883), de Frederik Vermehren.Heritage Images/Getty Images
En la misma línea, otro curioso derivado que ha despuntado en 2025 (y que promete verse el resto del invierno 2026) es una bufanda con capucha de punto. Se trata de una versión de la balaclava / pasamontañas que parece haberse consolidado por fin esta temporada como un accesorio de abrigo. Pues bien, hay looks de street style que no distan mucho de los accesorios capilares que estuvieron de moda a partir de la década de 1860. En concreto, nos referimos a una especie de capucha cuyos extremos se cruzaban a la altura de la garganta para proteger del frío. En las revistas femeninas de la época aluden a una “capucha de ópera”, que a efectos prácticos parece una capota más, pero estaba íntegramente elaborada en punto. En otras revistas como The Delineator recibía nombres de lo más evocadores, como la capucha ‘Priscilla’, o la ‘Mercedes Nubia’, todas con sus respectivas instrucciones.
La bufanda capucha es uno de esos curiosos híbridos que tiene su homólogo en el s. XIX.Claudio Lavenia/Getty Images









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