La industria tecnológica necesita filósofos y lingüistas
Los ingenieros más brillantes del futuro se reúnen después de clase para escribir poesía. Lo publicó la revista The Atlantic: algunos de los alumnos que crean algoritmos complejos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) —la universidad más prestigiosa del mundo en los campos de ingeniería y tecnología— también escriben versos, los leen y charlan sobre ellos bajo la agrupación The People’s Poetry. No es un hecho anecdótico, mientras la inteligencia artificial (IA) acelera y robotiza nuestro mundo, no podría haber algo más humano que lanzarse a escribir. Explorar nuestra creatividad se ha convertido en un gesto de resistencia: frente a la lógica predecible del algoritmo, la poesía celebra lo irregular, lo espontáneo y lo emocional. Por eso la industria tecnológica está a la búsqueda de perfiles como filósofos y lingüistas.
Catalina Tejero, decana de la escuela de Humanidades de IE University explica este fenómeno: “No me sorprende en absoluto y creo que obedece a varias cuestiones. Por un lado, en un mundo en el que nuestras interacciones empiezan a ser en gran parte digitales, y con un panorama geopolítico convulso y un futuro lleno de incertidumbres, el ser humano tiene más necesidad que nunca de conexión verdadera, con los demás y consigo mismo”. Y es que, llegados a este punto, parece que la misma tecnología que promete amplificar nuestras capacidades también amenaza con diluir nuestra identidad. “Existe una necesidad instintiva de reivindicar nuestro lugar en el mundo y de reclamar nuestra individualidad, de reflexionar sobre lo bueno y lo bello, pero también de hablar del dolor o del miedo. Ahora que empezamos a ver de qué es capaz la IA, surge una reacción casi inconsciente por demostrar qué cosas no puede hacer. O que, por el momento, parece que no puede hacer”.
Lo que está ocurriendo en el MIT no es un caso aislado. Tejero confirma que este año ha aumentado la participación en un 40% en los premios anuales de Humanidades que entrega IE University en categorías como el ensayo, la poesía o la fotografía, entre alumnos, exalumnos, profesores y empleados. “Hay una creciente necesidad de expresarnos, de compartir, de revelar nuestra condición humana. Las humanidades nos ayudan a desarrollar una aproximación crítica, pero también creativa, ante la realidad. Nos enseñan a mirar un fenómeno y formular preguntas, a no aceptar el statu quo; nos ofrecen las herramientas para reivindicar nuestra libertad de pensamiento, alimentar nuestra curiosidad y nuestra imaginación, buscar la belleza para generar una visión propia del mundo y reivindicar otras realidades posibles”.
Las humanidades mutan en nuevas profesiones
Y no solo en las aulas. En los laboratorios donde se entrenan grandes modelos de lenguaje (LLM), cada vez hay más filósofos y lingüistas ocupando puestos que antes parecían impensables. Son expertos en Humanidades que trabajan para poner alma, palabras y ética a las máquinas. En un informe del Foro Económico Mundial, entre las habilidades más demandadas para 2025, aparecen la creatividad, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional. “También los consejos de administración han empezado a interesarse por este tipo de perfiles. En el caso de los lingüistas, la conexión es clarísima: existe una relación directa entre la lingüística y la programación. Además, si pones a 10 personas con la misma formación a resolver un problema, lo abordarán siempre con el sesgo que les da su propio marco de conocimiento. En cambio, si incorporas a la conversación personas con trayectorias formativas diversas, las contribuciones serán más ricas, más poliédricas y, a menudo, más acertadas”, añade Tejero.
Un estudio publicado por Cornell University (Complement or substitute? How AI increases the demand for human skills) concluye que los perfiles más resilientes ante la automatización son los que integran competencias técnicas y cognitivas con sensibilidad humana. La IA está sustituyendo funciones rutinarias o analíticas, pero al mismo tiempo aumenta la demanda de habilidades interpretativas, creativas y sociales. Los empleos vinculados a la IA tienen casi el doble de probabilidad de necesitar habilidades como la resiliencia, la agilidad o el pensamiento analítico en comparación con los que no están relacionados con la IA. Además, estas habilidades implican un aumento salarial: según el informe, a los científicos de datos se les ofrecen entre un 5 % y un 10 % más de salario si también poseen capacidades en resiliencia o ética.
Prepararse para el nuevo mundo
¿Cómo podemos aplicar esta tendencia a nuestra carrera? La clave está en especializarse en un terreno pero combinar ambos mundos: “Estamos en un momento en el que si uno quiere tener una formación integral, para la vida y para el trabajo, no puede considerar ajena o inútil ninguna área del conocimiento. A quien trabaja en la industria tecnológica, una formación humanista le ayuda a cerrar el círculo: desarrolla un pensamiento crítico y creativo que complementa la visión que ofrece la tecnología. Y a quien viene de una formación humanística, familiarizarse con la tecnología le amplía enormemente la perspectiva y amplía su abanico de empleabilidad”.

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