El blonzer es lo único que necesitas si no te vas este año de vacaciones
Durante meses, en el mundo de la belleza no se ha hablado de otra cosa que del colorete; después llegó el turno de los polvos bronceadores, impulsados en parte por la fiebre de los productos de bolsillo de Rhode, y más tarde el maquillaje de efecto acuarela creado con tintes líquidos. El blonzer nace precisamente como una categoría híbrida que une dos de los productos más queridos del neceser en uno solo, una solución que también responde a las restricciones más estrictas del equipaje de mano y permite que cualquier viajera preparada para su verano europeo lleve consigo un baño de sol en formato compacto.
Aunque técnicamente se trate de un término inventado, el blonzer define la combinación entre colorete y bronceador para conseguir una tonalidad muy concreta: cálida, ligeramente marrón y dorada, como la piel que ya ha empezado a broncearse de forma natural después de varios días de vacaciones, pero también algo sonrojada por el calor, las altas temperaturas y ese sol de más que quizá se ha tomado en las horas en las que lo recomendable habría sido quedarse a la sombra.
Aplicado sobre la piel, el efecto del blonzer recrea ese aspecto de recién llegada de una jornada de playa, justo después de la ducha, cuando el calor empieza a aflorar en el rostro y se adivina ese rubor propio del sol.

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