03/07/2026

Relaciones: ¿qué viene después de la chispa del principio?

En 2025, renegamos de las situationships quedaron descartadas y nos empezó a oler mal la masculinidad performativa. El anhelo (a veces rozando la limerencia) fue sin duda el tema del año. La aspiración era que nos desearan y que nos lo dijeran en voz alta delante de todo el mundo. Conrad suplicó a Belly que lo eligiera en El verano en que me enamoré; el álbum de 2024 de Role Model (dedicado íntegramente a su ex novia) causó sensación; Saiyaara nos recordó que el amor trasciende la memoria; Más que rivales nos sirvió a dos hombres anhelándose mutuamente durante diez años seguidos, y nos lo comimos con patatas. Los grandes gestos y las pruebas públicas de amor se sobrerromantizaron: pedíamos anuncios de noviazgo espectaculares, posts de 20 diapositivas en Instagram, sonoros discursos de agradecimiento y vacaciones caras en pareja lugares lejanos.

Y en 2026, ¿ahora qué? ¿Qué viene después del «felices para siempre», después de conseguir todo lo que deseábamos compulsivamente? Todos albergamos grandes ideales de cómo debe ser el amor en nuestras relaciones. Y sí, los grandes gestos importan. El anhelo es embriagador. Que te veneren en público reafirma el ego. Pero los grandes gestos suelen hablar más de quien los hace, el anhelo conduce a desengaños una vez se vuelve a la vida real y los dispendios de amor en público, cuando menos lo esperas, se transforma en postureo vacío.

Lo más bonito de una relación –romántica o platónica– es la intimidad y el amor que se esconden en las cosas más pequeñas. El amor de verdad exige presencia, esfuerzo, interés y atención a los detalles. Pide consideración, amabilidad y empatía diaria. Una vez que se acaba la fantasía, toda relación real se construye (o fracasa) en lo cotidiano.

En la era de las apps de citas y los ‘sí pero no’, que el amor dur es más dificil. Cuando los criterios son la apariencia, el dinero, a qué universidad fue o a quién conoce, ¿cómo es posible amarse íntimamente? Lo que la gente quiere es volver a quedar en persona, no ser una entre los cientos de opciones de una aplicación de la que te borran al más mínimo “ick”. En una vida que va demasiado deprisa, nuestra verdadera aspiración es que alguien pare un momento y nos aprecie tal y como somos. Estas son las pequeñas cosas.

Puede que la Generación Z haya renunciado al amor, pero es muy fan de la amistad, y hay una buena razón para ello. Antes de un viaje navideño de diez días, fui a ver a una amiga íntima. De pasada, me preguntó si había metido en la maleta un botiquín de primeros auxilios. No lo tenía. Entonces procedió a prepararme uno, eligiendo pastillas de su propia reserva que pensó que podría necesitar y explicándome para qué servía cada medicamento. Fue un pequeño favor, pero no recuerdo la última vez que me sentí tan querida.

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