Un nuevo año comienza y, como de costumbre, nos fijamos propósitos y objetivos para alcanzar durante su transcurso, y las listas de ins & outs son todo un clásico moderno de estas fechas. Pero en 2026 queda de manifiesto que no sólo leer más, cumplir con el gimnasio o ahorrar ocupan el centro de nuestras prioridades. Cada vez somos más consicentes de nuestro uso de las tecnologías digitales, y también de sus implicaciones. Seguro que a lo largo del pasado año has podido identificar algunos hábitos nocivos o mejorables en el tiempo que trancurres online, y no te sorprenderá saber que contigo coincidimos muchas más personas.
Para no caer en el frecuente dilema de los propósitos de año nuevo, que es marcarse objetivos poco realistas, desde estas líneas te lanzamos una propuesta: conseguir que, al menos, tu presencia digital tenga sentido para ti. Sabemos que dejar las redes sociales por completo es un privilegio al alcance de pocos, y no siempre es lo que queremos hacer, pues a través de ellas también nos hemos enriquecido y descubierto personas y contenidos con valor. Pero lo que sí está en nuestra mano recuperar una cierta agencia sobre nuestra forma de pasar tiempo conectadas. El momento oportuno es ahora, que reseteamos la cuenta del año. En estos ins y outs hay (además de evidentes tendencias en el mundo tech) algunas claves que pueden ayudarte a sentir que controlas tu aproximación a la tecnología digital, y no al revés.
In: Canales RSS
Si tuviera que definir qué es el lujo en el contexto digital de hoy, diría que es la capacidad de filtrar sólo lo que verdaderamente nos interesa de entre toda esa ingente fluctuación de información que lo atraviesa. En teoría, la función de los algoritmos en las redes sociales convencionales es la de ejercer de ese filtro por ti, pero en la realidad se muestran ineficientes frente a la saturación de contenidos, la slopificación y los intereses comerciales que las plataformas necesitan mantener. Existe una herramienta útil para combatir esta saturación de contenido sin interés, y no es ninguna novedad, es casi tan vieja como la propia popularización del Internet doméstico. Se trata de los feeds RSS, también conocidos como agregadores de noticias, y ante el ruido de las redes sociales, están volviendo a tener un cierto interés para muchos usuarios. Es una herramienta curada por ti que sirve para tener un vistazo actualizado a las últimas publicaciones de tus fuentes favoritas, bajo tu propio criterio curatorial. Ya sean los artículos de tu periodista favorito, las entradas del blog que sigues, el último boletín de la newsletter a la que estás suscrita o un canal de vídeos de recetas en otra red social. Ese filtro definitivo para lo que de verdad te importa está bajo tu capacidad de gestión en un canal RSS. Los hay muy conocidos y de código abierto, como NewsBlur o Fresh RSS, y te permiten crear categorías.
Out: El scroll infinito
Para cumplir con el objetivo de recuperar una cierta agencia sobre nuestro tiempo online, el primer paso es liberarse del hábito del scroll infinito en redes sociales. O, como lo llamaría la escritora especializada Jenny Odell, “resistirse a la economía de la atención”. La autora ya hablaba en 2021 de abrir las redes sociales como quien consulta un libro para buscar un dato y después lo vuelve a cerrar. Nuestro continuo deslizar por ese pasillo digital de contenidos tiene ya más de costumbre, de automatismo, que de un gesto consciente enfocado a extraer un beneficio concreto. ¿Por qué prolongarlo? Es difícil de detener, pero merece la pena intentarlo. Los beneficios personales de invertir ese tiempo en otra cosa son conocidos. En este sentido, tener un feed RSS puede ayudarnos mucho a prestar atención sólo al contenido que nos importa.
In: Jardines digitales
Frente a los contenidos digitales diseñados para un consumo rápido, con un discurso sin matices y aproblemático, afloran como un secreto los jardines digitales. Se trata de pequeños espacios que crecen lejos del mundanal ruido, en los pliegues de un Internet poco convencional. A un ritmo que no quiere comprometerse con dinámicas de producción aceleradas, los creadores de estos jardines digitales van dejando caer textos, arte, reflexiones, pensamientos. Puedes encontrarlos a veces en formatos conocidos y populares como vídeos en YouTube, podcasts, newsletters o blogs, pero también muchos apuestan por crear su propia web y así tener todavía más agencia sobre el diseño. En estos espacios, los contenidos no están enfocados al consumo, son casi diálogos internos, otra forma más honesta de compartir, y son proyectos a largo plazo, en muchos casos, en un permanente estado inacabado.
Out: Tener hobbies para redes sociales
O lo que es lo mismo, se acabó imponer métricas de productividad sobre aquello que hacemos por y para nosotras mismas. La intención con la que comenzamos fue siempre loable, compartir tu afición con los demás, encontrar una comunidad. Compartir los kilómetros que corres, los libros que lees, los proyectos creativos en los que te embarcas. Pero, por el camino, esto adquirió un punto de comparativa, de vigilancia y afán por amasar likes. No podemos permitirnos otra sensación de culpa más por no postear, y menos con esas actividades especiales que deberíamos estar disfrutando. Este año, han sido numerosos los ensayos en la prensa internacional que se preguntaban si las redes sociales habían conseguido agriar nuestras pasiones y aficiones, convirtiéndolos en materiale de contenido. En 2026, proteger nuestras aficiones de los efectos de la viralidad se plantea como una prioridad.
In: Formatos largos y propuestas raras
En el futuro inmediato de internet, la honestidad se ha convertido en un santo grial. Es el efecto de que la carrera por la viralidad haya popularizado formatos cortos, acelerados, y una frecuencia de publicación muy alta, muy marcados por el guión. La saturación de este tipo de contenidos es responsable de lo que llamamos social media fatigue, un hartazgo de las redes sociales mainstream, y lo que alimenta en nosotros la necesidad de exponernos a formatos opuestos. Lo decía el famoso creador de contenido Ibai Llanos en una entrevista para GQ: “[En el futuro cercano de Internet] vamos a dar la vuelta totalmente. Está volviendo ya, de hecho, y funciona muy bien, el contenido de una hora y cinco minutos de vídeo, y un vlog largo con poca edición, cámara en mano, una persona contando sus cosas.” La audiencia no sólo está preparada para prestar más atención a sus fuentes de contenido favoritas, sino que también se inclina a lo nicho, está lista para apreciar las rarezas y quiere indagar más sobre lo desconocido. Lo decía uno de los más exitosos autores de Substack, el crítico musical Ted Gioia en uno de sus últimos boletines del año: lo más cool que puedes pasar en 2026 es que vuelva lo raro. Después de unos largos y soporíferos años en los que la normalidad era el nuevo punk, con el beige y los clean looks como telón de fondos, parece que la rareza vuelve a tener cabida. Una resignificación de lo cringe que puede tener estimulantes ramificaciones.
Out: Ingenuidad
No, ya no hay lugar para la ingenuidad en el contexto digital. Hace demasiadas décadas que Internet no es una novedas, así que educarse sobre sus usos y responsabilidades (y educar a los demás) es un deber innegable. Cuidar tus datos, saber lo que asumes cuando pulsas aceptar, velar por tu seguridad y la de los tuyos puede resultar vital. Pero también lo es ser consciente de las superestructuras económicas y políticas en las que participamos cuando utilizamos una aplicación. Lo dice claramernte Ben Tarnoff en su ensayo, publicado por Debate, Internet para la gente: Internet tiene dueños. La propiedad de estas plataformas y canales tiene estrechas relaciones con la política internacional, como ha ilustrado claramente la implicación del magnate Elon Musk en la administración de los recursos públicos de Estados Unidos. Los centros de datos que mantienen a flote lo que llamamos la nube y la reciente popularización del uso de las IA tienen un duro impacto climático, y no podemos seguir fingiendo que no conocemos esta realidad que (al fin) empieza a ser cubierta con seriedad en medios especializados y generalistas. Autores como el propio Tarnoff, o los críticos analistas Taylor Lorenz o Kyle Chayka, pueden ser un buen punto de partida para iniciarse.
In: Teléfonos de conectividad limitada
Algunos teléfonos vuelven a ser sólo teléfonos. El éxito de los llamados dumbphones tiene ya carta de realidad y, además, se presenta como una tendencia absolutamente cool. Su propio nombre lo indica, están en las antípodas de los teléfonos inteligentes. El objetivo es volver a un teléfono con opciones de conectividad limitadas, tal y como los que usábamos antes de la popularización de los smartphones. La creadora de contenido Cat Goetze ha conseguido llevarlo un paso más allá y ha creado Physical Phones, unos teléfonos de lo más deseables y estéticos, inspirados por los modelos retro, que se conectan por bluetooth a tu móvil para que hagas llamadas y las recibas sin necesidad de tocarlo (y con el terminal más bonito). La idea es que, cuanto menos tengamos que utilizar el smartphone menos tiempo pasaremos online.
Out: Todo y todo el rato en streaming
Si esta vuelta del formato físico te parece complicada, me temo que no se queda sólo ahí. En el futuro cercano la fisicidad va a recobrar una importancia perdida, y es en parte a causa de la llamada subscription fatigue,o de la posibilidad de que hayamos tocado techo en lo que a mantener suscripciones a plataformas se refiere. El acto de coleccionar, sobre todo en la dimensión cultural, regresa a nuestras vidas. Las colecciones de música, libros, o incluso películas va a ser algo cada vez más visible y patente entre los creadores de tendencias. Algo que, innegablemente, tiene una dimensión elitista: ahora que la educación pública se resiente por presupuestos insuficientes, las colecciones privadas son un privilegio de unos pocos. Empezamos a identificar este tipo de colecciones como algo cool y ya tiene su presencia en formatos digitales, como el armario de Criterion Closet, en el que algunas celebridades seleccionan sus películas favoritas. Un formato que ya algunas editoriales de libros han adaptado a sus contenidos en redes sociales. Las crítica que algunas plataformas de streaming han recibido en el último año, como la sueca de música y podcast Spotify a causa de las inversiones de su director general, Daniel Ek, en armamento y las críticas de artistas minoritarios a su sistema de retribución por escuchas, han acelerado este proceso y una búsqueda de alternativas. Detrás de esta recuperación de lo que ya parecía anacrónico hay un rescate del valor de almacenar, categorizar, cuidar, tal vez incluso reparar, que implica una voluntad de relacionarnos con gestos y movimientos con el mundo que habitamos. Hay una vocación de un cierto cambio de perspectiva para el que, tal vez, estamos ya preparados.

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