Su dominio absoluto de la cámara queda patente desde el primer momento. Una secuencia inicial abstracta insinúa los felices comienzos de una relación, y luego nos vemos catapultados a un presente cómicamente deprimente. Joe (Rogen), que en su día fue líder de una prometedora banda de rock indie, es ahora un apático profesor de música que sube torpemente en bicicleta por las colinas de San Francisco para volver a casa con su insatisfecha esposa, Angela (Wilde), una exartista cuyos impulsos creativos se canalizan ahora principalmente en redecorar obsesivamente su majestuoso piso heredado. Estos primeros minutos, unos de los muy pocos de la película en los que aparece el mundo exterior, son maravillosamente ágiles, y el ritmo no se ralentiza una vez que Joe entra en escena; de hecho, ocurre todo lo contrario.
Maggie, la hija de 12 años de Angela y Joe, se ha ido a dormir a casa de una amiga, así que su madre, al parecer, ha invitado a sus vecinos de arriba, Pína (Cruz) y Hawk (Norton), a tomar unas copas. Joe está furioso, y el amargo intercambio de palabras que sigue (salpicado de todos esos remordimientos tácitos y esa animosidad silenciosa que sin duda acompañan a cualquier matrimonio duradero) resulta a la vez mordazmente divertido y terriblemente reconocible.
En este polvorín aparecen la glamurosa Pína, una psicoterapeuta y sexóloga de carácter relajado, y el tranquilo Hawk, un bombero jubilado. Desenfadados y de fácil muestra de afecto, son la antítesis de Angela y Joe: recién enamorados, solteros y propensos a tener sexo salvaje, que a menudo se oye a través de las paredes. Angela está ansiosa y deseosa de complacer a todos, y se queda horrorizada cuando descubre que los quesos y el jamón que ha preparado para la española Pína no son adecuados, ya que esta última no consume gluten, lácteos, carne ni azúcar. Joe, por su parte, muestra una hostilidad apenas disimulada, a punto de decirles a los dos que en el futuro bajen el volumen.
Por la casa se producen visitas sumamente incómodas. A medida que los vecinos se van conociendo surgen nuevas dinámicas. Los secretos salen a la luz, y se hacen propuestas sorprendentes. Hay varios momentos en los que sentí que sabía lo que iba a pasar, y me emocioné al descubrir que estaba totalmente equivocad.


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