Pocas artistas han logrado tal fantasía que sus outfits rivalizan con las skins de un avatar y la física de otros mundos. Si alguna ha sido maestra de lo inverosímil, es Stefani Joanne Angelina Germanotta (Nueva York, 1986), en su aka de Lady Gaga, un guiño a la canción de Queen. Su nivel de eclecticismo la hace tan icónica como, a veces, difícil de ubicar. A menudo la confunden con drag-queens y viceversa, llegando a ironizar con la situación al presentarse en la temporada 9 de RuPaul Drag Race impersonando a una de sus imitadoras. Cuenta en entrevistas que la mimetizan también con otras celebrities: se pensaron que era Gwen Stefani en una de sus visitas al strip club y algo de Hollaback girl suena en su Zombieboy. Dicen que en la forma de rapear las chicas blancas se parecen.
Nadie podría decir con exactitud qué Stefani se ampara detrás de cada nuevo rebranding de Gaga. Sin embargo, con su talento sobra para agotar las 53.000 entradas de esta triple fecha en el Palau Sant Jordi, los pasados 28, 29 y 31 de octubre. A nivel europeo, una cifra solo superada por los cuatro conciertos que realizará en el Accor Arena de París este noviembre. La última visita española fue en 2018, con el Joanne World Tour, se nos saltó en la gira de presentación de Chromatica (2020) y ahora compensa la omisión con esta presentación de Mayhem (2025). Un octavo álbum de estudio que, a pesar de llevar el ‘caos’ por título, estructura espléndidamente las influencias de toda su trayectoria pasadas por la fábrica del pop. Se permitió no darle a su música un solo outfit, ni casarse con una estética para poder incluir desde el disco hasta al grunge. Todo que le ayudó a enamorarse de esta disciplina, en la que lleva desde los 17 años.
Pocas cosas hay más honestas que abrazar la contradicción como una certeza. Es cuando saca a todos sus fantasmas a pasear que por fin vemos a una Gaga más sosegada, que suelta alguna lágrima en sus apariciones públicas con la misma naturalidad con la que se permite sonreír. Decía el colaborador de Vogue, Jonathan Van Meter, en su entrevista para la portada de septiembre de 2024, previa a la salida de este disco, que la pudo ver con una capa extra de realidad que antes no se permitía. Las narrativas normativas ponen el foco en su compromiso con el empresario Michael Polansky, su pareja desde la pandemia: está feliz porque está enamorada. Pero ella se había correspondido ya a sí misma, después de trabajar la convivencia con sus propias enfermedades: depresión, algunas etapas psicosis y fibromialgia. Un proceso que se muestra en su documental Gaga: Five Foot Two (Netflix, 2017) y que, si sabemos leer simbolismos, veremos totalmente en el directo de The Mayhem Ball que ha presentado estos días en Barcelona.
Su estancia en la ciudad condal ya ha sido un show en potencia. Cambiando los circuitos de la urbe para poder pasar con su coche por la entrada peatonal del Hotel Mandarin Oriental, en pleno Paseo de Gracia y llegar hasta la mismísima recepción. Saltándose así la bienvenida de sus little monsters, que la esperaban en tumulto a sabiendas de donde se hospedaba ella –y la mayoría de celebrities–. Cuenta el divulgador pop, Jaume Miranda, que se llegaron a rallar algunos de los vehículos que se utilizaron para la prueba de viabilidad de esta misión, previa a la llegada de Gaga. Para luego, aparecer por sorpresa en la fiesta que organizaba el colectivo LGTBIQ+ Pluma, en La Paloma, donde bailó Abracadabra desde el palco, vestida como un ave del edén por la marca francesa Matières Fécales, en una versión reducida del look que ya lució en Coachella. Se la celebró a coro de “¡Y reina y reina, y guapa y guapa!” (en español del original) como a la mismísima virgen.

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