Así, se entregaron en cuerpo y alma a un proyecto que hiciese las veces de vivienda privada y espacio expositivo, donde los elementos que componen cada zona crean un diálogo constante. «La zona de estar es una estancia flexible con solo dos elementos fijos: una encimera de cocina de acero inoxidable de ocho metros de largo y una larga mesa de color hueso en la pared opuesta. El resto del área se extiende ininterrumpidamente, permitiendo que el espacio de exposición adopte diferentes configuraciones», detalla Mesura en la leyenda de proyecto. Para darle la funcionalidad que requiere una vivienda, construyeron un módulo de madera, separado de las paredes y el techo, que divide la zona de descanso del resto de la galería, y que oculta armarios, nevera, zona de baño y otros sistemas de almacenaje.
Las piezas en exposición y acciones temporales conviven con la colección privada de Vasto. Riestra confiesa que, al principio, procuraban separarlas un poco más, pero con el tiempo todo se mezcla y cohabita. Así, en los 500 metros cuadrados que ocupa la vivienda, el programa –siempre vivo– de la galería se fusiona con obras de Joan Brossa, Robert Rauschenberg, Heidi Hahn, Christo, Jean Cocteau, Wifredo Lam, Piranessi, Alma Berrow y otros, que forman parte de la muestra permanente. «A estas se suman obras que vamos adquiriendo de nuestros artistas y diseñadores. Al final resulta complicado que, de una exposición que comisarias, en la que trabajas desde el principio, que te gusta y que incorporas en tu casa, conviviendo con las piezas, no te apetezca quedarte con algunas de ellas», confiesa.
La idea de alumbrar este concepto surgió de forma orgánica. Carmen Riestra tenía ya su propia galería con el mismo nombre cuando vivía en la capital –aunque en ese momento era de naturaleza online-. «Empecé con el proyecto en Madrid y lo mantuve durante seis años. Tenía la sede en mi piso, con esa dimensión más cercana de recibir al cliente en casa. Y siempre quise mantener esa dinámica, enseñar las obras con un formato más doméstico, de one-to-one y en mi propia vivienda. Me parece interesante para los artistas», explica. A esta idea se sumó el anhelo de construir un espacio que invitase a la conversación entre diferentes ramas. «Me interesaba mucho toda la escena de Collectible Design, darle voz aquí en España. Y, sobre todo, empecé a especializarme en encontrar e identificar nuevas voces de una generación más joven. Me enfoqué en esa línea y me interesaba mucho fomentar el diálogo entre las disciplinas. Mi curaduría siempre ha sido muy ecléctica, nunca he podido definirla: voy a lo que me gusta, al artista que me mueve, me vuelco en él y lo acompaño. Es así como se establece una relación que implica creer en el otro, confiar y producir juntos».

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