El idilio de la moda con el qipao es un romance que viene de lejos. La culpa la tiene, en buen grado, John Galliano, y la obsesión que ha mostrado una y otra vez por este vestido, también conocido como cheongsam. Lo incluyó en su colección de primavera-verano 1993, y al frente de Dior, lo repitió de forma intermitente, como dejó claro en varios desfiles de finales de los años 90. En Louis Vuitton, Marc Jacobs también demostró su fervor por esta prenda, y más recientemente, Altuzarra rendía homenaje a su abuela china a través de vestidos cuyos cut-outs evocaban el cierre lateral (abierto) del qipao. Fue en la colección de otoño de 2020.
Del cine a la política
Aunque se hable del qipao como un vestido ‘tradicional’ chino, de tradicional tiene relativamente poco. Apenas cuenta con poco más de un siglo de vida, si bien se inspira en la indumentaria manchú que sí que se remonta más en el tiempo. En cualquier caso, este vestido empezó a surgir entre la década de 1910 y 1920 y fue escogido como uno de los oficiales de la República de China. Por influencia occidental, con el tiempo se fue haciendo cada vez más ajustado, acorde con las tendencias del momento.
En el cine, películas como Adiós a mi concubina (1993) o Deseando amar (2000) contribuyeron a poner en el radar de la moda este vestido. Anna May Wong, la primera actriz china de Hollywood, ya lo lució en varias ocasiones en los 20, como un uniforme que subrayaba sus orígenes y le confería ese toque exótico que fascinaba a los espectadores de la época.

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