
También hay muchos pobres nacidos en España. Son mendigos, sintechos, pordioseros, indigentes que no han llegado hasta nosotros en patera. De forma legal cruzaron los límites rocosos de la miseria, porque faltan muchos vigilantes en las playas de la justicia social, y acabaron durmiendo en la calle, tirados por los rincones. Uno los puede ver bajo de los portales cuando camina por la ciudad a primera hora de la mañana. Sobreviven en los huecos de cualquier edificio. Como no son un espectáculo agradable, hace unos años se puso de moda colocar adornos puntiagudos de hierro en porches y zaguanes. Había que evitar la tentación de las mantas, los calcetines rotos y las mochilas como almohadas para pasar la noche. Cuando descubrí esa estrategia urbana, estaba leyendo un libro de Adela Cortina: Aporofobia, el rechazo al pobre (2017).

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