
Lo malo del discurso de la presidenta del CGPJ en la apertura del año judicial no fue lo que dijo (en lo que estoy completamente de acuerdo), sino lo que no dijo. La falta de crítica interna ha sido ensordecedora. Ha demostrado un corporativismo que parece impregnar a casi toda la carrera judicial, y no vale escudarse con los elementos de control internos que se supone que existen, pero que no funcionan. Consentir instrucciones prospectivas promovidas por asociaciones claramente ideologizadas basadas en recortes de prensa sin ningún fundamento real hace un daño terrible al Poder Judicial, mucho más que cualquier crítica fundada que pueda venir de otro poder del Estado.

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