29/05/2026

el principio de algo muy grande – jenesaispop.com

El mismo día que la gira de reencuentro de La Oreja de Van Gogh celebraba su primera fecha en el Movistar Arena de Madrid, Laaza daba el concierto «más grande que hemos hecho hasta la fecha» en la sala El Sol. A juzgar por algunas de las reseñas que se han ido publicando hoy, parece que hay quien se ha arrepentido de ver al grupo donostiarra. Lo de Laaza, en cambio, fue un regalo para todos.

La propuesta de Laaza se define muy bien atendiendo a las dos primeras canciones que escuché al entrar en la sala, en los momentos previos al concierto: ‘Eugene’ de Sufjan Stevens y ‘Días de verano’ de Amaral. El cantautor sonó más de una vez, mientras que la artista de Zaragoza repitió tema para despedir a los asistentes del recinto. El folk de Laaza tiene la sensibilidad y carga emocional del primero, pero está tan en consonancia con su generación como la segunda.

Así empezó a despuntar en redes la joven artista, cantando snippets de canciones que ni había publicado en ese momento y que hoy conocemos como ‘Primer Amor’ o ‘Juan Antonio’. Con esta, Laaza dejó claro que no se trata de una canción que signifique «muerte a los hombres», tal y como gritó alguien desde el público, sino «muerte al patriarcado»: «Me incomoda profundamente que por ser una figura pública a la gente le dé por pedirte favores sexuales por Internet», denunció.

Sus vídeos alcanzaron la viralidad, aparte de por las llamativas letras, por su inquietante aura pastoral. Esto se transmite al directo desde el momento en el que la artista de Castel de Cabra (Teruel) aparece en el escenario con un vestido blanco para cantar ‘De ciudad’. Uno no se espera escuchar una voz tan mágica nada más empezar, pero es imposible no sentir escalofríos. Laaza no es cualquier artista de Instagram o TikTok, y el pedazo de aplauso que se alarga después de esta primera canción así lo demuestra.

Laaza es puro sentimiento durante la interpretación, pero en cuanto empieza a hablar con el público su lado más dulce sale a relucir. El contraste es tan brusco como el de una luz encendida y apagada. Le acompañan en el escenario un guitarrista y un teclista, mientras los coros y las percusiones, incluso más modernas que en la versión de estudio, se disparan por los altavoces. El potencial de su directo es inmenso. Concretamente, este se compuso de canciones inéditas, temas recién estrenados y lanzamientos pasados, para sus fans más fieles.

Una de las que están por salir, titulada ‘1984’, dejó a la sala en silencio durante varios segundos después de ser terminada, mientras salíamos del trance. Absolutamente bello. Llegados a este punto, y hasta donde alcanzaba a ver, yo era el único de la sala con el móvil en la mano. Cada vez que terminaba un tema, los aplausos duraban más y más. Todos rendidos ante Laaza.

Después de escuchar sus impresionantes habilidades vocales con una jota navarra tradicional y con su versión de ‘La Jardinera’ de Violeta Parra, después de todo un concierto de folk-pop, lo único en lo que podía pensar era en, posiblemente, estar viendo el principio de algo muy grande. Algo que quizás dentro de unos años cobre un valor especial. ¿Las personas que presenciaron los inicios de Rosalía en salas pequeñas serían conscientes de lo que estaban viendo? ¿Lo habrían visto venir de alguna forma? No sé, pero Laaza va para largo.

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