06/06/2026

The Cure arrasan en el Primavera con un setlist ecléctico y pop – jenesaispop.com

Durante el jueves del Primavera la climatología fue una pesadilla. El viernes no puede ser más ideal: levemente nublado, temperatura idónea… Para mejorarlo, a primera hora la entrada es fluidísima. No hay hype temprano a la vista, y la entrada al Auditori a las 16:30 para ver a Annahstasia es instantánea.

El despliegue de la cantautora es un arsenal de cuerdas para quitar el hipo: violonchelo, contrabajo, dos guitarras y un arpa. Todo es acústico: un envoltorio exquisito para su exquisita voz, grave, rugosa, con la que juega entre susurros, subidas y despliegues puntuales. Aparte de su presencia sentada, lo único que adorna su sobrio set es un loop de vídeo en que se alterna su cara con imágenes de flores y libélulas. Las canciones son de largo desarrollo, morosas pero exuberantes, de cantautora de fuste clásico, con un fuerte componente folkie. En ‘Be Kind’ hace unas pausas, unos silencios, que cortan el aliento.

En ‘Open Door’ remite un poco a Dylan. Todo es tan perfecto que incluso parece que el acople que desmonta el arranque a lo Nick Drake de ‘Slow’ sea buscado. Paran, arrancan de nuevo con más ímpetu. En ‘Take Care of Me’ ofrece piruetas vocales y preciosismo. Annahstasia se lamenta de no hablar español “a pesar de ser de Los Ángeles”, y cierra con un ‘Believer’ en que sus subidas de intensidad vocal alcanza su máxima intensidad. La ovación del público es larga y sentida, porque ha sido un viaje elegante y hermoso.

Voy de la exquisitez de Annahstasia al post-punk de Somos la Herencia en Occident sin solución de continuidad. El cuarteto madrileño toca a las 18h, una hora un poco rara, porque son el grupo perfecto para las 2 de la madrugada. La otra pega es que el volumen es un tanto bajo, lo que resta potencia a la propuesta. Aun así, han convocado a una notable presencia de fans: de ellos y de Einstürzende Neubauten, a tenor de las camisetas que se ven.

Su concierto es un tratado de oscuridad muy orgánica, a pesar de su vocación industrial. Gonzalo, su cantante, pega perfectamente con la idea de ‘Joven predicador’, su primera canción, vestido como un cruce entre cura y científico loco, moviéndose espasmódicamente cuando es necesario. En ‘Nuevo idioma’ hay un pogo entre los cuatro únicos menores de 25 años que se atisban. En ‘Münzter’ suenan a los Pixies fragmentados o a The Cure y furia desatada en ‘Cenar de pie’. Gonzalo se agita, se pone hasta rojo, y nos entran ganas de bailar enajenados. En ‘Pesar’ las percusiones son tropicales y el final roza lo trance. Hay ruido y distorsión y ganas de bailar espasmódicamente mientras cierran en un festival de distorsión y ruido en ‘Todos bajan la colina’. Insisto: esto de madrugada nos hubiera llevado muy, muy arriba.

Gisela Jane

Calculo que ¾ de los asistentes de Somos la Herencia salimos pitando para pillar sitio en el Auditori para Einstürzende Neubauten. La locura con Cameron Winter nos vuelve temerosos y nos hace plantarnos con mucha antelación. Tanta, que aún está mark william lewis acabando su set. Pero nunca se sabe, con las cotizaciones festivaleras. Hemos entrado súper rápido y sin cola. Claro que el cuádruple solape ayuda. Los de Blixa tocan a la vez que Ethel Cain, Texas Is the Reason y Rilo Kiley. Y salir con tiempo significa haber renunciado a Slowdive.

El carisma de Blixa juega en otra liga. Sonríe y, antes de empezar, nos pide una ovación que le damos gustosamente. Hay una Neubauten nueva, Josefine Lukschy al bajo, en sustitución de Alexander Hacke. El setlist es parecido al que vimos en Apolo en 2024, centrado en sus dos últimos discos. El volumen es ensordecedor. Me tengo que refrenar las ganas de levantarme y ponerme a bailar en cuanto arrancan con ‘Ten Grand Goldie’, una favoritísima mía, con tres Neubauten percusionando a la vez. Me vuelan la cabeza. En ‘Ist Ist’ las pausas dramáticos y los gritos que dosifica Blixa te arrastran. Todo es un ritual, una misa pagana llevada por el padre Blixa y sus acólitos del ruido. Porque cuando aparece en el escenario el carro de la compra le ovacionamos (al carro). Pero, nos aclara Blixa, no es el carro de siempre (¡ohh!), es uno nuevo. Y tocan sus varillas mientras Blixa acaba dejando caer cuchillos en ‘Grazer Damm’. Las pocas concesiones al pasado son ‘Die Befindlichkeit des Landes’ y ‘Sabrina’, de ‘Silence Is Sexy’. La primera es una bacanal en que la banda nos centrifuga. La segunda nos baña en rojo y nos ofrece un bello momento de calma tensa.

Los Neubauten sacan otro cachivache que no acabo de enterarme que es. Blixa explica que estuvo mirando debajo de la alfombra y ahí lo encontró. Antes de ‘Gesundbrunnen’ nos cuenta que él tenía una hija, que ahora es su hijo. Y que está en contra del determinismo biológico, lo que arranca un sentido aplauso del público. Blixa sonríe dulce y nos dice que este es un aplauso que aprecia enormemente. Y suena un taladro. Y parecerá que todo lo que voy relatando de los cacharros que la banda van sacando son anécdotas, pero no: todo tiene un sentido, le otorgan unos arreglos sorprendentes, es parte de la magia de Einstürzende Neubauten, como la manguera de aire de ‘How Did I Die?’. Y qué subida final y qué gritos, y cómo nos corrige Blixa cuando aplaudimos antes de tiempo, que la canción no ha acabado. Estamos todos arrebatados. Blixa pide el mayor aplauso para Josefine, la nueva incorporación a la banda. Y es todo tan subyugante, que nos cuesta dejarlo ir. Conciertazo. Y, en el Auditori, un lujo.

La necesidad de cenar y pillar sitio para The Cure se llevan por delante mi intención de ver a o Paco te quiero o medio Merzbow: gana la zona de hostelería. Y que además aún tengo que digerir lo de Einstürzende Neubauten. Tomamos posiciones casi una hora antes en el escenario Estrella Damm, y me mentalizo para todo lo que conlleva el concierto del cabeza de cartel en escenario grande: falta de espacio vital, cotorras de múltiples nacionalidades, los tipos más altos plantándose justo delante, huestes de Mordor entrando a machete cuando el concierto ya ha empezado, imposibilidad de ver el escenario… Pero, curiosamente, esta noche, ni tan mal: las molestias son nimias, las cotorras son evitables e, incluso, ¡llego a ver el escenario!

Tal como esperábamos, The Cure abren con ‘Alone’. Eden Gallup (hijo de Simon) sustituye al fallecido Perry Bamonte. El resto de la banda son piezas infalibles: Jason Cooper a la batería, Reeves Gabrels a la guitarra, Roger O’Donnell a los teclados y, por supuesto, el infalible Simon Gallup al bajo.

Robert Smith recorre el escenario con calma, da espacio a la banda, nos mira, mientras la larga introducción se desarrolla, y rompe a cantar sin guitarra. Pero hay poco espacio para ‘Songs of a Lost World’. Aparte de ‘Alone’, solo van a cantar ‘Endsong’, una hora y media después. Porque este va a ser un recital escorado hacia el pop, con muy pocas huidas hacia la parte siniestra (no cayó nada de ‘Pornography’ o ‘Faith’) , y un setlist un tanto ecléctico. Parece que Robert se quiere sacudir la pena, abrazar la alegría. Aunque de momento no lo logra, porque toca seguida ‘Pictures of You’, una de sus canciones más sentidas y la primera muestra de karaoke colectivo: casi lloro con esos “If only I’d thought of the right words”. Enseguida lo arreglan con ‘High, uno de sus temas más risueñas, aunque sigan con ‘Lovesong’, otra preciosidad, aunque apenas se le escucha cantar, dado el coreo masivo.

Que el setlist va a ir a su aire lo demuestra cuando tocan una cara B, ‘2 Late’, pero que es trotona y refrescante. Robert se pone a tocar la flauta (mal) antes de que arranquen ‘Burn’: suena como un tiro, la batería especialmente. La voz de Robert está estupenda. La secuencia de canciones es muy ágil: pueden sonar ‘The Walk’ (público levitando) o ‘Mint Car’ de ‘Wild Mood Swings’. O te pueden endilgar dos de sus mayores momentos cuando no llevamos ni la mitad del concierto: ‘In Between Days’ y ‘Just Like Heaven’, en que tapamos otra vez gozosamente a Robert (show me, show me, show me!). Y de repente, todo lo rompe con la melancólica ‘Trust’, canción compuesta por Perry Bamonte, a modo de homenaje.

Poco dura la melancolía con ‘Push’, otra favorita, o con el público haciendo “lololos” con el riff de teclados de ‘Play for Today’. Y llega el momento álgido del concierto: ‘A Forest’: cómo suena el bajo de Gallup, cómo nos enajenamos: con los “again and again and again” nos volvemos loquísimos, pelos de punta, el duelo final entre Simon y Robert… Uno de esos momentos de llevarse a la tumba.

Para los bises llega la andanada pop definitiva: arrancan con ‘Lullaby’, ‘Hot, Hot, Hot’ y su rollito funky, aunque en esta ocasión le falta algo de gas. ‘Let’s Go to Bed’, un ‘The Lovecats’ delicioso, en que es un gusto ver a Robert cantando los papapapa, jugueteando con su voz. ‘Friday I’m in Love’ es felicidad colectiva. En ‘Close to You’ Robert abandona la guitarra y se acerca a cantar y bailar entre las primeras filas: un frontman entre arrumbado y molón. Y claro, cierre con ‘Boys don’t Cry’, que él la canta parece que un poco lenta, un poco triste, pero ya estamos nosotros para otorgarle el toque alegre. Y tras dos horas y 20 minutos, el concierto llega a su fin. Robert se pasa un buen rato saludando, feliz. Nosotros más, por habernos reencontrado con The Cure, porque son una de las mejores bandas del mundo, porque da un poco igual el repertorio: sabes que va a ser memorable. Espero que The Cure vuelvan pronto.

Estoy pletórica de cintura para arriba. De cintura para abajo, no: la larga inmovilidad ha pasado factura. Pero es que ha sido todo tan estupendo, me ha pasado tan rápido, que no me doy cuenta hasta que no empiezo a caminar. JADE está a punto de acabar, me llegan avisos de que PinkPantheress en el Cupra está imposible, y que Skrillex está siendo bastante flojo. Así que mi felicidad y mi dolor de espalda iniciamos la retirada.



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