27/06/2026

‘Hate watching’: ¿por qué, en el fondo, nos encanta ver cosas que odiamos?

Hace no mucho planeé con unas amigas una noche de pizzas y sesión de mascarillas faciales en compañía de una película. Un plan de lo más apetecible frente a los días invernales y para el que teníamos más que claro el título a elegir: una película mala. Y, sí, las tres coincidimos en este género concreto (también en el título, el cual me tomo la licencia de reservar para evitar que alguien pueda sentirse ofendido). El motor de la selección fue, sobre todo, el poder comentarla y pasar juntas cualquier gesto embarazoso que pudiese darse durante el desarrollo de la historia. Efectivamente, hubo unos cuantos. Y es que, a pesar de saber disfrutar de una buena película con un guion bien hilado que nos emocione o nos deje sin palabras, todos (o casi todos) tenemos esos días en los que simplemente necesitamos optar por una trama mucho más simple –a veces, quizás, demasiado–, con acontecimientos inexplicables y conexiones sin sentido para nuestra mente. Y no hay duda de que lo disfrutamos.

Ver algo que, en el fondo, te horroriza, pero sentir el deseo de consumirlo es una sensación un tanto extraña. Así es el fenómeno del hate watching –o lo que es lo mismo, ver y consumir contenidos a pesar de odiarlos–. Antes de darle al play, sabes que lo que verás no será digno de una puntuación de cinco estrellas en tu Letterboxd, pero, aún así, escoges voluntariamente hacerlo y acabas visualizándote frente a los créditos finales con una pregunta muy clara en tu cabeza: ¿por qué he invertido mi tiempo en ver esta bazofia de película? Elena Dapra, psicóloga sanitaria experta en bienestar psicológico y analista del comportamiento tiene la respuesta: “Porque el cerebro busca estímulos rápidos y previsibles. Aunque no nos guste, ese contenido activa curiosidad, morbo o distracción inmediata”, explica. “Es sencillo de consumir, no exige esfuerzo y regula, a corto plazo, el aburrimiento o la ansiedad”, aclara por otro lado.

Una tendencia presente en la conversación social (y cultural)

Más allá de películas y series que nos enganchan a la par que nos hacen experimentar la vergüenza ajena independientemente de si la trama encaja más o menos con nuestros gustos e intereses, tenemos también la telebasura más clásica o los realities hechos por y para el más puro entretenimiento. Producciones, pensadas, sobre todo, para generar conversación. Es hora de aceptarlo: nos encanta comentar este tipo de contenido objetivamente malo. “Criticar o comentar contenido que odiamos puede hacernos sentir parte de un grupo o reafirmar nuestra identidad”, señala la experta. El hate watching no es ninguna novedad, pero sí cobra vida en Internet, donde los comentarios, opiniones y puntos de vista totalmente opuestos se mezclan entre sí, dando lugar a conversaciones culturales sobre determinadas películas, series, discursos o contenidos virales. “En redes participamos, opinamos y nos comparamos”, apunta Dapra. “No solo vemos contenido: lo interpretamos desde nuestra identidad”, aclara. Encontrar a un grupo de gente que opina igual que tú sobre esa película que acabas de ver también puede resultar reconfortante. “Es en ese momento cuando la irritación se mezcla con curiosidad, juicio y pertenencia al debate”, explica la psicóloga. “Sin duda, es mucho más interactivo que el hate-watching clásico”, sentencia. Una curiosidad morbosa guiada, además, por el deseo de ser parte de esas conversaciones y, por tanto, de la vida social contemporánea.

En episodios pasados del pódcast La pija y la quinqui ya hablaron de este fenómeno. Tanto los presentadores como la entrevistada coincidían en ese ‘algo’ que les impedía dejar de ver contenidos que odiaban. “No tengo en nada en contra de esas personas, pero veo todos sus vídeos porque no soporto lo que hacen”, comentaban. Es más, admitieron verlos continuamente y compartirlo con amigos como forma de canalizar la rabia que les produce este tipo de contenidos.

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