La actriz inició su andadura en el largometraje al lado de Natalia de Molina, ha coincidido con Mario Casas, Ariadna Gil o Kiti Mánver. Pero sostener todos los planos de una película junto a tres de las grandes, ha resultado ser diferente. “Pensaba que estaba curada de espanto, pero para mí ellas tres son las reinas de España así que estaba en plan ‘¿Qué hago aquí?’”, cuenta divertida. “Después las conoces y es superfácil estar con ellas, trabajar con ellas. Me adoptaron. Me adapté también a ser yo una señora más. Trabajé genial con ellas, aprendes un montón y para mí ha sido un master”.
Ese máster también ha pasado por un rodaje que se adivina duro. “Lo más complicado diría que fue el calor. Rodamos en Extremadura a mediados de julio y agosto. Un clima complicado. Creo que ellas lo pasaron peor porque llevaban prostéticos y de todo. Sudabas y no te lo podías quitar”, rememora Arnao. “A pesar del vestuario que llevaban, terminaron perfectas y a mí me dieron dos golpes de calor”, reconoce de nuevo entre risas.
Diana es el contrapunto a tres mujeres mayores y profundamente conservadoras. Corruptas, malversadoras, envidiosas, sí, pero sobre todo antifeministas. “Debe ser superdivertido interpretar a una de estas mujeres. Ellas son lo opuesto y te lo debes pasar muy bien”, reconoce la actriz. “Reivindicar desde el humor absurdo me parece una genialidad. Te ríes de eso porque es lo único que queda. Eso y hacer arte”.
Zoé Arnao empezó su carrera siendo prácticamente una niña. Ha trabajado en un buen puñado de producciones y no parece que el ritmo vaya a bajar ahora. “De momento no estoy para elegir. Me fijo en quién dirige y quién la ha escrito, también en la historia que cuenta. Me gusta pasármelo bien haciendo un personaje. Sé que ahora está de moda hacer un poco de ti, pero me parece interesante interpretar algo completamente opuesto. Sobre todo es que me lo tengo que pasar bien. Me encanta mi trabajo y casi siempre me lo paso bien, pero me gusta que haya jugo y un buen equipo”, reflexiona.
Su entorno más cercano siempre se dedicó a esto, así que el camino para Arnao parecía predestinado. “De pequeña, con ocho años, no me apetecía nada, me daba cringe”, admite divertida. “Mi madre buscaba entre las extraescolares, se decidió a apuntarme a una escuela de teatro y me lo pasé superbién. Salí de allí maravillada. Vi que era lo que me gustaba, fui haciendo cortos y a los once años decidí. Era lo que me gustaba. Mis padres tuvieron razón, como siempre”.
Tras aquella popularísima Las niñas, Arnao se vio obligada a tomar una drástica decisión por la cantidad de proyectos que llegaron. “En Bachillerato tuve muchos a la vez y lo dejé. Pensaba que si no tenía estudios tenía que trabajar. Ahí me di cuenta de que iba en serio todo. Ahora que me he emancipado todavía más. Hay que currárselo”, concede. “Esa ha sido mi mayor renuncia, los estudios. Aparte de eso diría que no ha habido muchas más. Por todo lo que he experimentado en rodajes y he podido hablar con gente mayor, siempre he querido vivir lo que cada edad que he tenido me ofrecía. No he querido perderme nada porque sé que me arrepentiré en el futuro”.

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