La pareja celebró su gran día en la Finca Benicalap y la temática estuvo inspirada en la esencia de Valencia. “Teníamos muchos invitados que venían de fuera, por parte de la familia de Javi y también amigos míos de cuando estuve viviendo en Estados Unidos, y quisimos hacer un guiño a Valencia con las naranjas y el tarjetón. También, varias estaciones del cóctel eran de temática valenciana”, cuenta la novia. La decoración floral de la boda mezclaba dalias, peonías, ramas verdes e hinojos, mientras que la mesa de la cena estaba adornada con velas y unos platos artesanales hechos por Salomé Ceramics, la marca de la madre de la novia.
La novia usó un vestido de la diseñadora Helena Mareque. “Recuerdo que estaba muy perdida; no tenía claro qué quería y ni siquiera me había probado un vestido de novia, no me había visualizado. Pero al entrar en el taller de Helena lo tuve clarísimo: quería que fuera ella quien me lo hiciera. Fui con mi madre y mi hermana. Hablamos de música, arquitectura, moda… y la conexión fue instantánea. Me pidió que volviera al día siguiente. Había preparado un boceto de lo que sería mi vestido; cogió unas telas y, en cuestión de minutos, me lo armó encima. Helena me imaginaba como una novia salida de un cuadro de Botticelli, con ese aire de Renacimiento italiano, y lo consiguió por completo. No cambiamos absolutamente nada durante el proceso: estaba convencida desde el primer momento. Elegimos una tela de lino y la confección fue impecable”, cuenta la Carlota.
La novia completó su look con unos zapatos de Saint Laurent, unos pendientes de Rabat y un velo seleccionado por la misma diseñadora de su vestido. “Llevé un velo que encontró Helena, una tela antigua francesa preciosa”, explica la novia. Del maquillaje de Carlota se encargó Mireia Costa y del peinado una amiga de su madre.
Para la celebración, Carlota optó por un cambio de look, también diseñado por Helena Mareque. “El segundo vestido era totalmente diferente, con una pedrería tan propia de las telas de Helena, precioso”, recuerda la novia. Además, tanto la madre de la novia como la del novio deslumbraron con sus looks de invitadas. “Helena Mareque también hizo el vestido de mi madre. Estaba guapísima, muy ella: elegantísima y moderna. Carmen, la madre de Javi, iba igualmente espectacular con un diseño de Sophie et Voilà,” cuenta.
La pareja concluyó la celebración de su boda con una luna de miel de ensueño. “Hicimos un road trip por Estados Unidos y lo disfrutamos muchísimo. Comenzamos volando a Las Vegas y, desde allí, recorrimos Arizona y Utah, donde visitamos Monument Valley, uno de los lugares más especiales y distintos que hemos conocido. Continuamos la ruta hasta el Gran Cañón, donde hicimos una excursión en helicóptero que recomendamos a cualquiera; es una experiencia verdaderamente impresionante. La primera parte del viaje la cerramos en California, pasando unos días en Newport Beach, Los Ángeles y Santa Bárbara”, explica la pareja.
Pero su aventura no terminó en Estados Unidos: la pareja decidió añadir un segundo destino inolvidable a su luna de miel . “Después volamos a la Polinesia Francesa. En Moorea vivimos días de naturaleza pura y aguas cristalinas, un lugar que parece sacado de un sueño. Y terminamos en Bora Bora, que superó todas nuestras expectativas: un lugar mágico”, finalizan.

Más historias
¿Y si el autocuidado tuviera más que ver con la calma que con la perfección?
Caída del cabello estacional: cómo combatirla con estos 5 alimentos clave
Huesos fuertes a partir de los 40: estas son las rutinas de entrenamiento que recomienda una experta