Si este verano solo pudiese hacer hueco en mi neceser para un producto de maquillaje, no tendría ninguna duda: renunciaría a todo por quedarme con el colorete. Y es que pocas categorías de belleza son tan versátiles y transformadoras como esta, por no decir ninguna. Si lo usamos de la forma correcta, en apenas unos segundos podremos “despertar” el rostro, devolver luminosidad a una piel apagada y recrear ese efecto buena cara que tanto nos gusta. Y lo mejor es que su potencial va mucho más allá; un buen colorete puede hacer también las veces de labial, sustituir a la sombra de ojos para conseguir un maquillaje monocromático e, incluso, rejuvenecer visualmente el rostro. Porque sí, la forma de aplicarlo importa tanto como el tono elegido, y colocado en el punto adecuado podremos elevar las facciones sin recurrir a técnicas complicadas ni decenas de pasos. He aquí tres maneras (sencillas) de conseguirlo.
#1. ‘A la japonesa’
Tradicionalmente sabemos que el colorete, al menos en Occidente, se aplica sobre la sien o, en su defecto, en la manzana de la mejilla. Sin embargo, al otro lado del globo las tendencias cambian. Así lo explicaba una editora de Vogue en este artículo en el que se hacía eco de la tendencia de maquillaje ‘Igari’, más fresco, natural y delicado. “En Japón el colorete se aplica no sólo en las mejillas, sino también bajo el contorno de los ojos. Esta colocación estratégica dota de un aspecto más fresco y descansado a todo el rostro, pero también ayuda a simular el efecto de una piel más joven y luminosa. ¿El resultado? Unas mejillas más sonrosadas y redondeadas con un efecto final que puede rejuvenecer el rostro hasta 10 años con un simple gesto”. Fácil, rápido y ultra tendencia.

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