Cole lució un traje color crema de Husbands in Paris y zapatos de Gucci. Todos los accesorios de la pareja fueron elegidos para la ocasión por Hayley Atkin, estilista de Carly, que seleccionó camisas, zapatos, gemelos y botoniers.
A las damas de honor se les ofreció una paleta en tonos joya y la posibilidad de elegir sus propios vestidos. A los padrinos también se les dio libertad y eligieron los trajes a su gusto.
Los tíos de Carly Rae Jepsen oficiaron la íntima ceremonia ante solo 100 invitados en el salón Bard del hotel. «Vivirlo y a gusto era innegociable para los dos», dice Carly. «Queríamos que fuera un boda romántica y llena de emoción. Nuestra familia habló de cómo nos conocimos, y escribimos votos personales el uno para el otro que leímos en voz alta».
Ambos se sorprendieron de no llorar. «Lo dábamos por hecho», recuerda Carly. «Pero la energía era relajada y alegre. Entre el azul bebé brillante del fondo, las flores silvestres que nos rodeaban y la iluminación íntima, caminar hacia el altar parecía una ensoñación. Nada superará el momento en que nos miramos por primera vez y, en verdad, durante la primera mitad de la ceremonia no pudimos fijarnos en nadie más».
Después de la ceremonia, los recién casados se tomaron un tiempo para estar a solas. Su organizadora, Stefanie, los condujo a la calle, frente a un pequeño escaparate junto al Chelsea. «Nos reímos, nos besamos y tratamos de asimilarlo todo antes de que empezara el cóctel», recuerda Carly.
Ya en el cóctel, la amiga de la infancia de Carly, Molly Ryan, cantó con su trío de jazz. «Fue lo mejor de la noche», afirma Carly. La pareja quería entregar a sus invitados un recuerdo relacionado con el Chelsea, así como con su historia personal. El primer libro que Carly regaló a Cole fue The Book of Longing, de Leonard Cohen, y Just Kids, de Patti Smith, es uno de sus libros favoritos, así que esos libros –y los marcapáginas que los acompañaban– guiaron a los invitados a sus asientos durante la cena.
Más tarde, tras la cena y los brindis, Rufus Wainwright, amigo de Carly, sorprendió a todos con una versión a capella de Chelsea Hotel #2 de Cohen. “Fue un momento único en la vida y súper neoyorquino”, dice Carly.
Mirando atrás unas semanas después, Carly y Cole siguen sobrepasados. «A menudo en la vida nos imaginamos las cosas, y aunque la realidad puede ser buena, nunca es tan buena», dice Carly. “Este día parecía la excepción. Fue mejor que cualquiera de nuestros sueños más locos. Nos sentimos muy unidos durante todo el proceso, lo cual era muy importante para nosotros. De hecho, incluso colamos algunas canciones especiales en la playlist del DJ para que, sin importar dónde estuviéramos en ese momento, al escuchar esas canciones, fuésemos corriendo a encontrarnos».
Este artículo se publicó originalmente en Vogue.com
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