“Cuando el nervio vago está activado aumenta la producción de colágeno”
Del nervio vago ya hemos hablado en otras ocasiones. Pero para quien necesite recordar los motivos del interés por él lo resumiremos así: conecta el intestino con el cerebro y es uno de los principales reguladores de las respuestas del descanso y la digestión de nuestro cuerpo. Por eso se habla tanto de activarlo, porque es otra manera de inducir la calma. Y aunque podría parecer que no tiene relación con el cuidado de la piel, la tiene (y mucho). Nos lo explican Carmen Navarro y Sergio Galchenko, creadores del lifting miofascial, un tratamiento manual que actúa directamente sobre la musculatura profunda del rostro. Y sobre el nervio vago. “El nervio vago tiene ramificaciones que pasan por la zona cervical, submandibular y en la parte facial se unen con el nervio trigémino que tiene relación directa con el nervio vago. Cuando trabajamos con técnicas miofasciales en estas zonas estamos estimulando directamente las ramas periféricas de este nervio”, explica Galchenko, experto en kinesiología (estudio del movimiento humano para prevenir alteraciones), que insiste en que no hablamos de un masaje superficial sino de uno profundo con presiones suaves en las zonas que recorre el nervio.
Nervio vago activado, menos procesos inflamatorios y mejor sueño
Volviendo a su relación con el cuidado de la piel –activarlo también tiene consecuencias evidentes y físicas– Galchenko explica: “El nervio vago regula el sistema parasimpático, que es el responsable de los procesos de regeneración celular. Cuando está activado, aumenta la producción de colágeno, durante el estado parasimpático el cuerpo prioriza la reparación tisular, mejora la circulación sanguínea facial: más nutrientes y oxígeno llegan a los fibroblastos, reduce la inflamación crónica que es uno de los principales aceleradores del envejecimiento, y optimiza la absorción de nutrientes: una digestión eficiente significa mejor aprovechamiento de vitaminas y minerales esenciales para la piel”, explica. Y Carmen Navarro indaga en los beneficios emocionales que tienen consecuencias también a nivel físico. “Cuando el nervio vago se activa, el cuerpo cambia de estado. Reduce el cortisol, que es la hormona del estrés, y entra en modo descanso y regeneración. Es decir, el organismo deja de estar en alerta constante y empieza a repararse. Eso tiene consecuencias muy claras: mejora la digestión, el intestino funciona mejor, el ritmo cardíaco se regula, la presión arterial se estabiliza. Dormimos más profundamente y la recuperación nocturna es más eficaz. Además, se reducen procesos inflamatorios en el cuerpo y mejora la claridad mental, porque favorece la neuroplasticidad”, explica.
Y ahonda en cómo estimular el nervio vago favorece el sueño y, por tanto, la calidad de la piel. “Durante el sueño profundo se activa la mayor parte de los procesos de reparación: es en ese momento cuando se produce aproximadamente el 80% de la regeneración cutánea. Cuando el nervio vago está inhibido, el organismo permanece en modo alerta, en modo supervivencia. En ese estado, el cuerpo prioriza funciones básicas y deja en segundo plano todo lo que tiene que ver con regeneración, incluida la piel. Activar el nervio vago es cambiar ese mensaje interno. Es decirle al cuerpo que puede salir de la alerta constante y volver a reparar, equilibrar y regenerar. Y cuando eso ocurre, el rostro lo refleja”. Y sí, es posible activarlo con gestos sencillos dentro de la rutina de cuidado facial.
5 maneras de activarlo en nuestra rutina de cuidado facial
#1. Movimientos de mandíbula
Como avanza Navarro, no hace falta nada extremo para estimularlo durante la rutina de cuidado facial. “Podemos hacer algo tan simple como mover la mandíbula de forma consciente: abrir y cerrar la boca lentamente, realizar pequeños movimientos laterales. El nervio vago tiene conexión con esta zona y estimularla ayuda a sacarlo del estado de bloqueo. Por eso cantar o tararear mientras hacemos la rutina facial es otra herramienta poderosa”.
#2. Masaje del esternocleidomastoideo
Esta técnica que explica Galchenko es fácil y efectiva. “Gira la cabeza hacia un lado, con los dedos localiza el músculo que va del oído hasta la clavícula. Realiza presiones suaves deslizando de arriba hacia abajo, 30-60 segundos en cada lado”, apunta. Y puntualiza: “Es muy importante hacerlo sin dolor, solo presión agradable”.
#3. Aplicar productos en frío
Según Navarro, usar los productos faciales refrigerados “genera un pequeño estímulo térmico que activa la respuesta del nervio vago”.
#4. La técnica del vaciado linfático cuello-clavícula
Otra técnica de masaje que puedes llevar a cabo durante el cuidado facial: “Aplica aceite o crema desde la oreja, deslizando con presión suave siguiendo por el cuello hasta la clavícula. Repite 10 veces cada lado. Y termina con presiones en la zona supraclavicular (arriba de las clavículas)”, añade Galchenko.
#5. Respiración diafragmática
De los beneficios de la respiración ya hemos hablado a la hora de estimular el nervio vago, pero se puede llevar a cabo también durante la rutina de cuidado facial. “Durante la aplicación de tu crema o sérum prueba a hacer respiraciones lentas (inhalar 4 segundos, exhalar 6 segundos). La exhalación larga activa el nervio vago. Combina con presiones suaves en las mejillas, mandíbula y cuello”, explica el experto en kinesología.
Y lo más importante, como recuerda Navarro, la constancia lo es todo. “Dos minutos al día, repetidos cada día, generan más impacto que una sesión larga hecha de manera puntual. El sistema nervioso responde a la repetición, no a la intensidad aislada”.

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