Hay quien ha saltado el Atlántico y cogido un tren directo desde Madrid solo para conocer sus mantas de botones. Aunque todos los días son iguales en La Crisálida, no hay un día igual en este local coruñés, que puede jactarse de ser la mercería con más seguidores de las redes sociales. El dato lo aportan ellos, y aunque se necesitaría una investigación en mayor profundidad, una búsqueda rápida nos devuelve la magnitud de sus comunidades en comparación a otras mercerías del planeta. Entre Instagram y TikTok suman casi tres millones de seguidores (conseguidos de forma orgánica, subrayan) que siguen con avidez sus particulares unboxing, donde igual pueden desvelar unos hilos de retors para hacer punto de cruz que unos abanicos de diferentes épocas.
Ramón Santos en el almacén de La Crisálida.Cortesía de La Crisálida
Este establecimiento lleva 84 años siendo patrimonio de la ciudad gallega, pero su historia no podría ser contada hoy sin Ramón Santos, su actual propietario. El aterrizaje de este patronista a La Crisálida fue casual: aunque había sido cliente habitual durante muchos años, hacía tiempo que no pasaba por allí. A través de una alumna suya se enteró que traspasaban la empresa y que querían vender por lotes. Se trataba de un proyecto familiar fundado en 1942 que habían heredado tres hermanos, Carmen, Nieves y Fernando Seoane. Con éste último negoció la cesión: “Aunque había estudiado derecho en Santiago de Compostela, la mercería era toda su vida, no conocía otra cosa. Te hablaba de fabricantes, proveedores y materiales en un pasado glorioso que tenían las mercerías, cuando no existía la confección industrial”; relata para Vogue España. Recuerda aquellas primeras conversaciones con cautela, pero también con mucho cariño, como el código secreto de los artículos que le desveló una vez firmado el traspaso.
Con la tienda en sus manos, la labor de recuperación a la que se enfrentó fue titánica: un almacén de 300 metros cuadrados desbordado con cajas de distintas antigüedades. “Tenía mercancía acumulada desde los años 40 y otra desde los 80 que estaba devaluada. Calculamos que más de la mitad de los artículos se fue a la basura por culpa de la humedad. Estaban podridos, literalmente”, sentencia. Gracias a los amigos y la familia que le ayudaron en su tiempo libre, pudo abrir en mes y medio. Siete años después, sigue encontrando productos nuevos. Entre sus preciados hallazgos, Santos cita embelesado los botones de materiales naturales, como los de madera, o los pañuelos de seda estampada de los años 60 y 70. Para dar salida a tanto ítem vintage, decidieron lanzar en su tienda online las ‘cápsulas del tiempo’, una caja que a través de dos formatos (y precios) diferentes, incluyen varios de esos tesoros. “Para nosotros era muy coherente. Buscábamos que la gente pudiese disfrutar esa experiencia inmersiva de la tienda en su casa. Garantizamos que su precio sea inferior al de los artículos que contiene”, matiza.

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