Plantear la colección supuso una primera inmersión en los archivos de Desigual, que describen como “un organismo vivo”, más que un museo, que invita a la reinterpretación y la reinvención: “Más allá de colores, estampados y siluetas, descubrimos un optimismo radical que trascendía la estética. No se trataba simplemente de prendas, sino de una actitud: una celebración de la individualidad y la libertad expresada a través del tejido”, meditan. Esa misma filosofía se traslada hasta la colección, integrada por un juego de texturas que van del denim drapeado al efecto lanudo. Para conseguir crear prendas tan duraderas como deseables, pusieron el foco en los materiales y la artesanía: “Trabajamos con materiales nobles y responsables, elegidos por su calidad, comodidad y durabilidad”, exponen. “Encontrarás prendas de cachemir y lana fina, así como cuero certificado por Working Leather Group, lo que garantiza que el proceso de producción cumple con los más altos estándares ambientales y éticos. También hemos integrado tejidos reciclados y fibras naturales, lo que le confiere a la colección un carácter refinado y a la vez sostenible”.
La atención se presta a los detalles, desde forros a contraste a las hebillas doradas con forma del logo de Desigual que coronan las trabillas de sus abrigos y trenchs. La gama cromática también es un juego de opuestos, desde el negro o el gris deslavado de una sudadera, hasta el rosa y el rojo que tiñen algunos vestidos degradados. La colección hace pequeñas concesiones a los estampados, como un print de plumas creado ad hoc como símbolo de ligereza y movimiento. El plato estrella, señalan, son las chaquetas de cuero y las de punto, tanto las delicadas de botones como las versiones estructuradas oversize.
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual
Aunque los códigos de Desigual y Egonlab son urbanos, poseen ciertos matices que los diferencian a nivel creativo: más vibrantes y mediterráneos, los primeros. Más intensos, los segundos. Aún así, el diálogo entre ambas ha podido ser de lo más fluido: “Desigual habla de libertad a través del color y la espontaneidad, mientras que Egonlab aporta estructura y emoción. Juntos, encontramos un equilibrio, donde la exuberancia se encuentra con la precisión”, cavilan. El desafío no achantó a los creativos de la casa parisina, acostumbrados a salirse de lo convencional desde sus inicios. A ello contribuyen que no tengan una formación académica al uso: “Más que limitarlo, ha liberado nuestro proceso creativo”, opinan. Consideran esta ausencia como una fuerza que les lleva a aprender de forma constante. Para ellos, el propio acto de crear se convierte en su mejor educación: “Nos ha permitido abordar la moda como un lenguaje de ideas más que un sistema de reglas. No estamos atados a metodologías tradicionales. En su lugar, experimentamos de forma intuitiva, guiados por la curiosidad y la emoción”.
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual
Desigual x Egonlab.Cortesía de Desigual






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