06/08/2026

El artista David Hockney ha fallecido a los 88 años

La primera exposición individual de David Hockney, inaugurada en Londres en 1963, se tituló Pictures With People In, un título decididamente figurativo para el abanderado de una nueva y desafiante corriente pictórica, el arte pop. Acababa de abandonar el Royal College of Art y estuvo a punto de quedarse sin título por negarse a dibujar un desnudo del natural —un requisito—, pero al final le concedieron una medalla de oro.

Ese mismo año también se produjo la primera aparición de Hockney en Vogue, un retrato de grupo junto a sus compañeros pintores Howard Hodgkin, John Howlin e Ian Stephenson. Vogue los denominó The Impact Makers. Tres de los cuatro acudieron vestidos con sobriedad; uno de ellos, Hodgkin, con traje negro, cruzó los brazos y miró al frente con aire sombrío. Stephenson y Howlin parecían igualmente incómodos. Solo Hockney, apartado de los demás, parecía en su salsa. Ya rubio gracias a un tinte en tono Champagne Ice — «Verás, una noche llegué a casa un poco borracho y vi un anuncio en la tele que decía que las rubias se divierten más» —, su estilo de vestir desenfadado lo diferenciaba aún más: una chaqueta azul claro en algodón arrugado y una corbata rosa fucsia. Sin olvidar esas emblemáticas gafas de búho con monturas tan grandes como ruedas de bicicleta.

Hockney, nacido en Bradford en 1937, era el segundo más joven y el más famoso de los cuatro, el más acostumbrado a las cámaras y a los elogios públicos. Tenía por delante California, sus icónicas piscinas y A Bigger Splash; después llegarían la ópera y los diseños escenográficos, Mr and Mrs Clark and Percy, Stanley, su inseparable perro salchicha, los collages fotográficos realizados con Polaroids, sus investigaciones sobre las posibilidades de las imágenes lenticulares, las hipnóticas composiciones creadas con iPad y, ya en etapas más recientes, sus exposiciones inmersivas de gran formato. Pero, por entonces, aún posaba apoyado en un gran lienzo, fumando un cigarrillo con indiferencia.

En 1964 se mudó a Los Ángeles. «Solía pensar que Londres era emocionante», explicó, «Bueno, lo es en comparación con Bradford; pero comparado con Nueva York o San Francisco, no es nada». Pero la capital inglesa no le dejaría marchar tan fácilmente. Se encontró formando parte de su élite cultural, una figura destacada del Swinging London, por mucho que se encontrara al otro lado del mundo. Aun así, a pesar de todo el tiempo que pasó en la costa oeste de Estados Unidos, nunca perdió su acento del norte, lo que le hacía casi ininteligible para Cecil Beaton, de Vogue. Pero como observó su amigo y contemporáneo RB Kitaj: «El norte de Inglaterra es su fuerza innata, y él lo sabe».

Por entonces, ya sesentón, Beaton, una estrella en Vogue durante décadas, encontró en Hockney y su colorido séquito a los sucesores naturales de los Bright Young Things de los años 30. «Me siento completamente a gusto con él y estimulado por su entusiasmo, porque tiene el maravilloso don de saber disfrutar de la vida», dijo Beaton sobre el por entonces joven artista. En 1968 fotografió a Hockney para Vogue en su piso del oeste de Londres, completando el primero y uno de los más conocidos de sus magistrales retratos dobles, Christopher Isherwood y Don Bachardy. El gran novelista inglés llevaba exiliado en Los Ángeles desde la Segunda Guerra Mundial y Hockney lo buscó nada más llegar, como admirador que era de los textos de temática gay y la apertura sexual de Isherwood.

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