El perfume cálido, amaderado y misterioso que uso cuando hace frio
Hace siete años por estas mismas fechas, en un conocido bar de copas de Madrid con paredes de ladrillo caravista y sofás de terciopelo, descubrí el que acabaría siendo mi perfume por casi una década. Fue por casualidad, cuando un amigo de un amigo se acercó a saludar a la mesa en la que yo estaba, y se me presentó. No me acuerdo de su nombre, tampoco de su cara y mucho menos de cómo iba vestido, pero hoy por hoy podría enumerar de memoria las notas de su perfume, que poco después acabaría siendo también el mio: mirra, jara, incienso, romero, toques resinosos, especiados, y luego… El misterio.
Ahora sé que se llama L’Eau Trois, pero en su momento tuve que preguntárselo más de una docena de veces. “No te lo puedo decir –me repetía–. Es el perfume que uso desde que cumplí los veinte, y no me gustaría reconocerlo en otra persona. No quiero que se ponga de moda”. A ojo, calculé que aquel hombre rondaría los cuarenta; reconocer veinte años de fidelidad ininterrumpida a una única fragancia me parecía motivo de peso para insistir. Al final, tras un interrogatorio propio de la CIA maridado con Moscow Mule, lo conseguí: se trataba de la tercera creación de la casa Diptyque, una fórmula unisex que el perfumista Serge Kalouguine ideó en 1975, de aroma relajante, cálido, místico y profundamente reconfortante.
Desde la marca lo resumen valiéndose de una analogía visual de lo más apropiada, que reza así: “En la cima del Monte Athos, después de un largo recorrido, buscamos refugio del sol ardiente en el interior de un monasterio. Cuando abrimos las puertas, el aroma de un arbusto resinoso se mezclaba con el incienso y la mirra que se había quemado durante la misa”. Una descripción que difícilmente podría ser más precisa, ni tampoco más acertada. Esa sensación de calidez, de velas encendidas en una catedral vacía, de humo denso suspendido en el aire es, en mi opinión, lo que la convierte en la perfecta fragancia de invierno, esa que querrías encontrar bajo el árbol cada Navidad. Lo que hace que, al aplicártela, el frío sea un poco menos frío.
Para sumar más exclusividad (si cabe) a una fragancia que desde el principio se me presentó como el summum de esta, diré que no es fácil hacerse con una. Solo está disponible en ciertas tiendas de la marca, y la alternativa termina siendo comprarla a ciegas directamente en la página web de la firma. Yo me lancé de cabeza a esta opción, aunque también está la posibilidad (más precavida y sensata) de adquirir una muestra y comprobar con calma si te reconoces en el perfume. Lo que es seguro es que no lo olvidarás nunca.
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