El espejo virtual y la nueva forma de mirarnos
Basta con entrar a cualquier red social o afinar el oído para escuchar la conversación del grupo de amigas que toman café en la mesa contigua a la tuya, para darte cuenta de que el sector de la cosmética vive tiempos de bonanza. Todos saben—o creen que saben—cuáles son los últimos tratamientos faciales, los mejores ingredientes activos y las técnicas que prometen una piel firme, luminosa, repulpada y unificada.
La última Radiografía de la industria cosmética y del perfume en España de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética), constata con datos esta sensación. Sólo la categoría del cuidado de la piel creció casi un 6%, mientras que el 70% de los consumidores afirman que el cuidado personal, junto con el ejercicio físico y la relajación, es una de las principales herramientas a las que recurren para sentirse bien.
Son buenas noticias. El interés por el bienestar y la creciente adopción de rutinas de autocuidado, dejan claro que hemos entendido que la salud y la autoestima suelen darse la mano, y que priorizarse es siempre una idea estupenda. Aunque como en todo, las obsesiones no son sanas ni recomendables, algo que sabe bien la industria de la medicina estética, que también está pasando por un momento de crecimiento.
Las consecuencias de una autoimagen distorsionada por las cámaras y las pantallas
Pese a que las tendencias hablan de personalización y buscan resultados naturales que respeten nuestra propia fisionomía, muchos expertos hablan de que existe un desajuste entre la percepción real del rostro y la imagen distorsionada que generamos al vernos constantemente en pantallas. “Las cámaras frontales, las videollamadas, los filtros y la autoobservación permanente han creado una especie de ‘espejo virtual’ que no refleja cómo somos, sino una versión alterada por ángulos, iluminación y algoritmos”, explica Natalia Hougham, fundadora de la clínica Novo Clinic y experta en ética clínica.
La creciente influencia de este fenómeno tiene que ver con que nunca antes habíamos estado tan expuestos a nuestra propia imagen, señala Hougham: “pasamos horas viéndonos en ventanas de videollamadas, revisando selfies o comparándonos con rostros filtrados. Esa repetición constante genera hábitos perceptivos nuevos y, en algunos casos, una presión silenciosa por encajar en un estándar digital que no existe fuera de la pantalla”.
El doctor Sergio Quintero, médico estético KOL Endolift® y fundador de Elegance Medical, ha visto como esta sobreexposición ha creado un estándar facial imposible, donde la piel es completamente homogénea, la simetría es absoluta y los rasgos se afinan sin relación con la estructura real del rostro. “Esto impacta directamente en la percepción de normalidad, ya que muchos clientes llegan comparándose con una versión digital de sí mismos que nunca han visto en el espejo”. Lo más grave es que, como indica el experto, este ‘espejo virtual’ funciona como una lupa que exagera imperfecciones que, en la vida real, nadie percibe. “Mi labor es recordarles que la belleza humana vive en la textura, en la expresión y en las pequeñas asimetrías que forman parte de nuestra esencia”.

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