Rutinas de noche para una mañana productiva
Sí, lo sabemos. Estás cansada de escuchar y leer qué es lo que le sienta mejor a tu cuerpo –piel, microbiota, pelo, colágeno y un largo etcétera– y a tu mente –dormir más, trabajar menos, hacer ejercicio, disminuir tiempo frente a la pantalla, marcar límites–. Porque hemos entrado en una maratón eterna que nos obliga a seguir el ritmo de cada novedad relacionada con el bienestar y la belleza para terminar saturadas y agotadas. No queremos más autoexigencia, lo que queremos es soltar, aligerar y descansar. Por eso hemos acudido a una de las grandes expertas en hábitos saludables, constancia y desarrollo personal, Amagoia Eizaguirre, que es, además, una fiel defensora del restar cosas a la agenda, algo que ella cree que deberíamos poner de moda. ¿El objetivo de la charla? Aprender rutinas para saber cómo frenar el ritmo por la noche para sentirnos bien mientras dormimos, pero también al levantarnos. Y, spoiler, es muy fácil hacerlo.
Nos centramos en el final de la tarde y la noche porque, como denomina Amagoia, “es el aterrizaje del día”, un momento en el que el cuerpo empieza a recuperarse y la mente necesita bajar revoluciones. Por eso es fundamental prestar atención a lo que hacemos y cómo lo hacemos si queremos disfrutar de una buena calidad de vida y rendimiento profesional. Y es que si ese tramo horario lo gestionamos bien, dormiremos mejor; y cuando hay calidad de sueño, las piezas encajan: nos concentramos, gozamos de mejor humor, tenemos más capacidad de tomar decisiones conscientes, etc. “Siempre digo que los hábitos de la mañana suman, pero que los que de verdad sostienen tu productividad y tu bienestar son los de la noche. Si tu noche es caótica, tu día siguiente arranca ya desde un suelo inestable”, expresa la psicóloga y divulgadora.
Ahora, para ser realistas, también es cierto que resulta más complicado mantener hábitos nocturnos que diurnos. El motivo es la saturación, ya que cuando llega el final del día, la mente está cargada de todas esas decisiones que ha tenido que tomar y el cuerpo cansado de la actividad. Por eso la parte más racional de nuestro cerebro, es decir, la corteza prefrontal, funciona con niveles mínimos. Una explicación biológica que nos debería hacer bajar el nivel de exigencia porque, no es tanto la voluntad como la energía natural. Y en esa energía es donde está precisamente el quid de la cuestión, que es la que Amagoia cree que hay que entender, reconocer, respetar y cuidar, no tanto el tiempo. Sobre esto reflexiona: “El tiempo lo aguanta todo, la energía, no. Y reconocer eso es clave para entender por qué a veces no llegamos a todo y no pasa nada”.
Por este motivo, antes de diseñar nuestros hábitos y agenda, lo mejor sería conocer dónde se ubican nuestros picos de energía, porque así lo haremos a favor de nuestra biología. “Es muy sencillo. Durante unos cinco días observa en qué momento tienes más claridad mental, más ganas de hacer cosas o más capacidad para concentrarte”, aclara Eizaguirre. Normalmente encajamos en uno de estos tres perfiles: persona de mañana, de tarde o de noche.
Guía práctica: hábitos de tarde y de noche para recargar energía
Los picos de energía se pueden entrenar, y si cultivamos ciertas rutinas, cada vez tendremos más energía en esa franja del día. Amagoia está convencida de que esto es lo que realmente nos ayudará a ser constantes, a vivir con menos autoexigencia y, sobre todo, a dejar de pelearnos con nosotros mismos.

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