25/07/2026

Encaje de Camariñas, la última artesanía gallega con la que ha colaborado Heimat Atlántica

En la actualidad, se trata de una artesanía que continúa vinculada a esas generaciones de mujeres que se juntan a ‘palillar’ en ‘palilladas’. En un principio, cuenta Álvarez, fue una cuestión ligada a la necesidad, ya que se juntaban también para ahorrar luz. Pero también forma parte de esa tradición reiterada en diferentes sociedades que siempre ha vinculado las labores (y por ende, la artesanía) con la agrupación de las matriarcas y jóvenes de los pueblos. “Es identitario, no sólo de la zona, sino de estas mujeres. Cuando hablas con ellas, te das cuenta de cómo su vida ha ido unida de una forma tan íntima al encaje de bolillos, y en particular, al de Camariñas”, cavila. Se trata de una sabiduría que se han transmitido las unas a las otras: “Mi abuela Estrella me enseñó a palillar cuando tenía cinco años. Antiguamente había muchas palilladas, era una gran tradición”, comenta Montse Freire, palilleira con la que colabora la marca. “Volvías a casa del colegio, hacías tus deberes y después, tenías que hacer la tarea de palillaje”. Entre los testimonios recopilados por Heimat Atlántica prima esta tónica: artesanas que aprendieron a bordar desde pequeñas, bien porque fueron instruidas por el resto de palilleiras o por las integrantes de sus familias.

El panorama actual hace peligrar la existencia del encaje de Camariñas. “La gente ya no va allí a comprar un ajuar, unas toallas o unas sábanas para las que se utilizaba este encaje”, comenta Álvarez. La poca demanda hace que palillar sea casi más un hobbie que una profesión al que estas artesanas solo le pueden dedicar su tiempo libre: “Hasta las cuatro de la tarde, antes de ir a trabajar, estoy todo el día palillando. Me encanta. Me despeja la mente”, confiesa Alianza. El tiempo que requiere es otro mérito que en época de inmediatez casi parece desfasado: “Lleva cuatro horas hacer cada pez, y mira qué pequeño es. Los jóvenes hoy ya no dan valor a las cosas que hacíamos nosotros antes”, apunta Carmen. “Hay mucha gente que está muy engañada y se piensa que palillar es una tarea rápida, y no es así. Hay que estar muchas horas para avanzar y completar una pieza”, añade Montse. Como apuntan desde Heimat Atlántica, el relevo generacional es una de las principales preocupaciones para esta artesanía, ya que son labores duras y mal pagadas. Se promueven cursos, y esa herencia cultural se transmite en las familias, pero a la hora de la verdad, es muy difícil darle continuidad. “Mis hijas no quieren palillar”, puntualiza Tina, otra de las artesanas. “Cada vez hay menos gente. Los jóvenes saben palillar y hay palilleiras nuevas, pero no se están dedicando a hacerlo porque no les cunde. ¿Para qué se van a estar esforzando? Nosotras lo hacemos por una cuestión de satisfacción personal”, sopesa Montse.

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