Lo que nos gusta de Jacob Elordi va mucho más allá de su físico. Las claves que todo hombre guapo debería aprender
De repente, todas somos muy nonchalant y muy effortless. Queremos parecer tan cool como despreocupadas y naturales (nosotras y ellos), performando con nuestros pantalones acampanados y bolsos tote, con el perfecto microflequillo para lucir ojera. Todas, todos, todes nos hemos convencido de que el viejo concepto de “arreglarse” da cringe. Así que, ahora como siempre, hay muchos hombres guapos que confían en que su atractivo lo haga todo, pensando que no habrá esfuerzo que lo mejore. Todas conocemos a alguno así. El que nunca manda el primer mensaje. El que llega tarde a la primera cita. El que se hace el misterioso, el inalcanzable, el indiferente.
Y luego está Jacob Elordi, la personificación de un hombre atractivo (1,90 m, mandíbula de galán, pelo revuelto), que pasó de seis a diez horas al día en la silla de maquillaje mientras ocho personas diferentes le aplicaban 42 prótesis de silicona para transformarlo en la criatura de Frankenstein. La mayoría de los hombres no son capaces de aguantar ni siquiera 10 minutos de rutina facial. El director Guillermo del Toro reveló que eligió a Elordi para interpretar a la criatura por su esencia: «Puedes hablar de registros, de si tiene esto o lo otro, pero lo importante es la esencia. Si la esencia del personaje es perfecta para el actor, o la del actor para el personaje, no hay que darle más vueltas». Para interpretar a un monstruo, hay que desprenderse de la vanidad física. Elordi no podía tirar de su evidente atractivo para encarnar este papel y, sin embargo, está magnífico como la criatura.

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