Alimentación y piel: mitos y verdades
Alimentación y piel están estrechamente relacionadas, pero no siempre de la forma en que creemos. ¿Puede una dieta mediterránea –y su equilibrio entre frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado azul– sustituir a nuestra rutina de cuidado facial? La idea no es descabellada: al fin y al cabo, una piel sana empieza en el intestino.
Sin embargo, en torno a la alimentación y su impacto sobre el cutis circulan tantos mitos como verdades a medias. Y es que todos hemos escuchado que beber dos litros de agua al día es garantía de una piel luminosa y joven, o que el chocolate, los lácteos y las grasas son los grandes aliados del acné. Pero, ¿hasta qué punto estas afirmaciones tienen respaldo científico? ¿Cuánto hay de evidencia y cuánto de creencias heredadas en estas ideas que se repiten casi como dogmas? Lo analizamos con ayuda de las expertas.
¿Podemos ‘comer’ antioxidantes suficientes?
Una alimentación saludable y variada puede cubrir buena parte de nuestras necesidades antioxidantes, pero la piel también se enfrenta a agresiones externas –como la radiación solar o la contaminación– que hacen necesario un refuerzo tópico en forma de SPF y fórmulas que combatan esa oxidación. “Una dieta rica en antioxidantes, junto con productos que contengan vitamina C, E o resveratrol, es la mejor sinergia para mantener una piel firme y luminosa”, afirma Estefanía Álvarez, nutricionista clínica en Longevity Hub by Clinique La Prairie. A esta idea se suma María Garayar, experta en dermatología estética, acné, rosácea y cirugía dermatológica, quien recuerda que puede resultar complicado obtener algunos de estos compuestos en cantidades suficientes solo a través de la dieta.
Como ejemplo, el resveratrol, presente en uvas, cacahuetes y algunas bayas –como arándanos o moras–: “Para igualar la cantidad contenida en una sola cápsula de un complemento alimenticio de 250 mg habría que comer más de 100 kilos de arándanos al día. Algo evidentemente imposible”, explica. De ahí que sostenga lo difícil que puede resultar alcanzar unos niveles óptimos de antioxidantes sin recurrir a suplementos o cosméticos específicos.
¿Los lácteos provocan acné? ¿Y El chocolate?
“La leche desnatada se asocia más al acné porque, al eliminar la grasa, se concentran las proteínas séricas (como el suero lácteo) que estimulan vías hormonales relacionadas con la aparición de brotes. Además, al digerirse más rápido provoca picos de insulina, otro factor implicado en la fisiopatología del acné”, explica Montse Prados, endocrinóloga y autora de La medicina que necesitas eres tú (Última Línea, 2024). “La leche entera suele ser mejor tolerada, ya que la grasa modula la respuesta metabólica y, los fermentados como los yogures o el kéfir, son aún mejores por sus probióticos. Así, la clave no sería eliminar los lácteos, solo observar cómo reacciona tu cuerpo a ellos”, añade Álvarez. Y, a propósito de otro alimento típicamente demonizado, añade: “El chocolate negro (mínimo 85 %) aporta antioxidantes que protegen la piel. Los problemas surgen con chocolates con leche, azúcar y grasas de mala calidad, que pueden favorecer la inflamación. Por tanto, basta con elegir un buen chocolate, alto en cacao y bajo en azúcar”.
Alcohol y cafeína: ¿cómo afectan a la piel?
En este caso, no hay dudas. “El alcohol a corto plazo puede causar enrojecimiento por vasodilatación y empeorar las ojeras y bolsas por la retención. A largo plazo, contribuye a un aspecto más apagado de la piel y a un envejecimiento acelerado”, asegura Garayar. Sobre la segunda bebida más consumida en España –solo por detrás del agua mineral–, Álvarez añade: “La cafeína, en cambio, tiene doble filo: en pequeñas dosis puede ser antioxidante y beneficiosa, pero en exceso (o en personas muy estresadas) puede aumentar el cortisol y contribuir al envejecimiento prematuro y al acné. Moderación y una buena calidad del café son clave”.
¿Hidratación oral o tópica?
Hablemos de la famosa y socialmente aceptada recomendación de los dos litros de agua diarios, una verdad con matices. Según Prados, no existe una cifra universal. “Esta depende de la dieta, el clima, el ejercicio…”. Y aunque estudios recientes muestran que un consumo elevado de agua mejora significativamente la hidratación superficial y profunda de la piel, la experta incide en que no sustituye a los hidratantes tópicos. “Los emolientes y humectantes reparan la barrera y reducen la pérdida de agua transepidérmica, algo que solo bebiendo no conseguiríamos”. Álvarez, por su parte, secunda la moción y recuerda que “no debemos olvidar que la hidratación también depende de lo que comemos: frutas, verduras, caldos, infusiones y alimentos ricos en minerales ayudan a mantener la piel hidratada”.

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