A Laaza (Laura Aznar, Barcelona, 2000) se le metió “entre ceja y ceja” ser pianista. Había visto en Youtube el vídeo de una chica tocando el piano. Tenía una melena muy larga y llevaba un vestido de princesa. Entonces, su supuesta vagancia para los estudios reglados se esfumó y empezó a ensayar varias horas cada día. Aquellas composiciones le gustaban, pero Laaza quería contar sus historias, o inventárselas, al menos. Así que cogió los pinceles y probó con la escultura. Tampoco era ahí: las Bellas Artes también la encorsetaban –“yo era un señor rancio en el cuerpo de una chica de veinte años”–. Necesitaba otra herramienta, musicalizar su vida. Y así surgió Laaza, un proyecto radical de tintes conceptuales; epígrafe bajo el que la compositora catalana ha lanzado el EP Margarita. Cinco canciones que hablan de desamor y expectativas truncadas, y que enamorarían a Las vírgenes suicidas (y a sus fans). Como decía Cecilia, la pequeña de las hermanas Lisbon: “Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una chica de trece años”.
Quizá Laaza parezca un proyecto espontáneo, pero antes ha habido mucha prueba y error.
La música que escribo bebe de muchos referentes de mi infancia –eso es lo que he querido hacer desde siempre–, pero he probado un montón de cosas hasta llegar a aquí. Yo sin algo de lo que quiero hablar, no tengo canción. Lo importante es la energía, ese primer impulso. Pero nunca pensé que mi mayor potencia fuesen mis palabras. Para mí la escritura es la llave de acceso a un mundo que siempre va a estar ahí: mientras tú existas, existes en él y eso es mágico.
¿Cómo fueron tus inicios?
Empecé a sacar música en 2022. Aquello sonaba a rayos, pero daba igual, tenía que hacerlo. Usaba sintetizador porque en ese momento el bedroom pop y el indie pop eran la crème de la crème. Lo componía todo con el piano. Poco después, pasé por un montón de rupturas y me quedé tocadísima. Entonces, escribí Canciones para olvidarte en plan cantautora, rescatando el folclore, y hasta hoy que estoy causando un poco de revuelo.
¿Cuáles son tus primeros recuerdos musicales?
Yo tendría unos 13 años y odiaba ir a clase, así que pensé que si tocaba el piano en misa no tendría que ir. Al final acabé yendo a todas las catequesis. Tocaba canciones de los 70 evangelizadas, de Simon & Garfunkel, Leonard Cohen, John Denver… Por otro lado, cuando iba en coche de camino al pueblo, que está en Teruel, o a ver a los abuelos que durante parte del año vivían en Zaragoza, escuchaba a Dire Straits, a Supertrump, a America, a Amaral… Y escuchando Pájaros en la cabeza, pensaba: ‘¡Wow, así que se puede hablar en español de la vida, de esta manera tan trascendental y nostálgica!’. Tenía nueve años, pero me sentía en el coche como si fuese una especie de señor mayor contemplando la vida desde Wisconsin.

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