27/06/2026

¿Cómo comer para no vivir en modo cortisol y enfrentarte mejor a la jornada laboral?

Comer y no elevar el cortisol

Meditamos, hacemos ejercicio (mejor si es de fuerza), y acudimos a nuestro diario de agradecimiento para dejar constancia de todo aquello que nos hace felices. Uno de los objetivos por los que incluimos estos rituales en el día a día es el de comer bien para reducir nuestros niveles de cortisol, esa hormona que si bien es cierto nos ayuda a hacerle frente a picos de tensión, es capaz de dinamitar nuestro sistema inmunitario, cardiovascular, y la poca paz mental que nos queda.

La evidencia científica confirma que todo lo anterior funciona, aunque a menudo se nos olvida incluir la alimentación como una de las herramientas más poderosas que existen a la hora de regular el estrés. Por un lado, lo que comemos, los nutrientes que elegimos, inciden directamente en el eje HHS —hipotálamo-hipofisario-suprarrenal—, el sistema encargado de regular la respuesta del cuerpo al estrés; por otro, las emociones asociadas y la forma que tenemos de alimentarnos también dejan huella.

De esto habla Ana Morales, psicóloga especializada en obesidad, trastorno por atracón y bulimia: “A veces pensamos que el estrés viene solo de lo que comemos, pero muchas veces viene de cómo comemos, porque la manera en que lo hacemos puede subir o bajar el cortisol tanto como el propio plato”. Asegura que cuando comemos rápido, de pie y contestando correos, el cuerpo interpreta que estamos en modo alerta. “El mensaje que recibe el cerebro no es ‘estoy comiendo’, sino ‘no hay tiempo de digerir, estamos en peligro’.
Y cuando el cuerpo está en modo peligro, dispara cortisol, aunque estés comiendo una ensalada ecológica”.

Morales incide en que si no hay calma, no hay digestión completa, lo que dará lugar a inflamación, cansancio, más antojos y un cortisol elevado. “Cuando comemos sin presencia perdemos las señales internas: ya no distinguimos si tenemos hambre, saciedad o cansancio. La mente entra en bucle, la comida se vuelve automática y el estrés se multiplica”, de ahí que insista en la importancia de comer sin prisas o mirando el móvil mientras engullimos sin detenernos siquiera a mirar el plato.

Toscana Viar es farmacéutica, nutricionista y CEO de The Health Company. A lo largo de su trayectoria como nutricionista de la Selección Española de Fútbol, ha podido evaluar la relación entre comida y emociones. “Muchas personas llegan con un historial de dietas, prohibiciones y normas que les generan estrés solo con pensar en ‘comer bien’. Si tu cabeza ya entra en modo control–restricción–culpa, tu cuerpo responde con más cortisol, por lo que trabajar esa relación es indispensable”. Añade que una alimentación más estable, con comidas completas y sin extremos, ayuda a que el cuerpo no viva en modo alarma todo el día.

Cuando nuestros patrones alimenticios disparan el cortisol

Crecemos adquiriendo hábitos que no siempre son saludables, y que se instauran en nuestro disco duro sin que nos demos cuenta. Según Ana Morales, en muchos casos el origen está en la infancia y en frases tan habituales como “date prisa” o “acaba todo lo que hay en el plato”. “Tu cuerpo aprendió que comer es una tarea, no un espacio de autocuidado”. El problema es que llegadas a la edad adulta, el refuerzo viene dado por el ritmo de vida que llevamos, el impulso de querer llegar a todo y la hiperexigencia. “Cuando no hay tiempo para nada, la comida se convierte en la primera necesidad que se sacrifica”, reflexiona Morales.

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