Blazy también se sirve de los arquetipos para aludir a la ausencia de jerarquías. El creativo ha dedicados varios looks al estampado de leopardo, que la propia Chanel lució en los años 30. Aquí se reinterpreta a través de trajes de chaqueta con una paleta cromática muy ochentera, faldas muy voluminosas y conjuntos que apelan a la jet-set. Al mismo tiempo, hay un espacio dedicado a los estilismos más sencillos y democráticos, siempre con los vaqueros como protagonistas (como el que abrió el desfile).
El nexo de unión entre todos estos variopintos perfiles es, paradójicamente, la exclusividad absoluta que transmite cada una de las casas de artesanía involucradas: Lesage es responsable, por ejemplo, de los tweeds tejidos a mano con motivos animales, pero también del chiffon bordado con el que emula el efecto denim mediante trampantojo. “Tienen una mano tan acertada que no quieres tampoco reinventar la rueda”, señalaba el diseñador franco-belga al respecto. “No es mejor porque esté bordado, sino porque el bordado cumple una función”, sostenía Blazy en una entrevista recogida en el diario impreso que ha servido a modo de invitación. “Hay una periodista de los 70. Tenemos a la empresaria de los 80 que va a gobernar el mundo. Todos esos personajes también tienen bordados, pero de alguna manera se necesita crear una alquimia”. Cada casa continúa con su especialidad: Lemarié está detrás de todo el trabajo con las plumas, mientras que Massaro se ha encargado de los zapatos, para los que han recurrido a su propio archivo particular (un diseño que, según recogía @stylenotcom, no se había visto previamente).
Photographed by Hunter Abrams
El choque de arquetipos por el que apuesta Blazy no se limita a un juego que invita a los espectadores a identificarse con cada modelo/look presentado en el metro. Es la forma que tiene el creativo de abrir la puerta a todo tipo de perfiles (y edades) y demostrar que Chanel es mucho más que el traje de tweed clásico. Los bordados más laboriosos, el trabajo de plumas más preciso, tienen cabida más allá de la sala de baile o el evento tradicional para los que estaban reservadas históricamente este tipo de artesanías y técnicas. También pueden formar parte del guardarropa diario: si Lagerfeld lo dejó claro con sus trajes de tweed mini o sus zapatillas de alta costura, Blazy transmite esa irreverencia incluso desde la forma de desfilar. Como hizo Awar Odhiang al cerrar su desfile debut, su modelos se mueven, bailan y lo disfrutan. Aportan una espontaneidad que hoy representa el mejor tributo a su fundadora.

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